Día a día

Lo que el viento se llevó. Setenta años de vida…

Hoy hace 70 años que se estrenó la película «Lo que el viento se llevó« y realmente al recordarla se nos llena la memoria de imágenes vividas en torno a esta película. Imágenes en las que no faltan las de su llegada a algunos cines españoles como el de Sabiñánigo, donde recuerdo que pusieron hasta luces en la pared del cine Escalar en los años finales de la década de 1950. Era todo un suceso y todo el mundo quería verla, los que no podíamos entrar en el cine queríamos saber de ella y las palabras desafiantes de Scarlett frente al mundo se convirtieron en un sentimiento compartido.

Hoy, setenta años después, quiero recordarla con cariño y recordar a la autora del texto que no es citada con la frecuencia que se merecía. Hablo de una periodista de la ciudad de Atlanta, de Margaret Mitchell, que escribió una novela en la que volcó los recuerdos de sus mayores, los conocimientos de los libros de historia que había leído en su convalecencia de fractura de tobillo y su exquisita dimensión literaria para el drama. Con su vieja máquina de escribir, una Remington, convirtió sus sentimientos en palabras y logró culminar una gran obra literaria que pronto conoció tal éxito que pensaron, los dueños de las productoras, llevarla al cine. Y así se hizo, estrenándola el 15 de diciembre de 1939, hoy hace setenta años. Así que no está de menos echarle unos cariños al recuerdo y sonreír por tantas cosas buenas que nos ha tocado vivir. Y ni hablamos de lo que pasó la pobre joven aristócrata sureña Scarlett O´Hara en la lejana Guerra de Secesión, que como todas las guerras siempre es mala para todos los bandos en liza.

Día a día

Santa Lucía en el río Aurín. Felicidades

Hoy domingo, 13 de diciembre, la Iglesia celebra la fiesta de Santa Lucía, esa santa a la que los artistas han representado llevando en la mano derecha la palma del martirio y en la izquierda sus ojos, esos ojos que le fueron arrancados y que la convirtieron en la patrona y cuidadora de la vista.

Cuando era estudiante en el Instituto de Sabiñánigo, allá por el final de la década de 1950, recuerdo que una profesora –que luego resultó una importantísimo pintora de nombre Mari Cruz Sarvisé– nos llevaba a pintar a un altozano desde el que contemplábamos la ermita de santa Lucía recortándose sobre los montes pirenaicos; una ermita de 1701 que sería reconstruida años después de dibujarla nosotros. Y siempre nos preguntábamos quién era aquella santa que daba nombre a la encalada ermita que vigilaba los caminos del río Aurín, el río del Oro. Y, por eso, nos enteramos que era un mujer nacida en la italiana Siracusa, de padres nobles, que quiso consagrar su vida a Dios y que eso le llevó a padecer las iras de un joven que pretendía casarse con ella. Como no lo logró, la denunció como cristiana y la joven murió en la persecución de los cristianos a principios del siglo IV. En el medievo fue considerada como protectora de la vista y como tal se la tenía seguramente, aparte de las leyendas que cuentan como recobró la vista después de que un tirano le arrancara los ojos, por su nombre que significa luz.

Leyendas aparte, hoy sabemos que existió puesto que la arqueología sacó –el año 1894- a la luz una inscripción sepulcral con su nombre en la catacumbas de Siracusa. Hoy pervive en el culto, en la imaginería y en muchas mujeres que fueron bautizadas con este hermoso nombre. Mujeres que hoy celebran su santo y a las que felicito, especialmente si me lo permiten a una hermosa niña de Zaragoza llamada Lucía Bernal.

Día a día

La Hermandad del Refugio

El pasado 10 de diciembre asistí en el Auditorio de Zaragoza, magnífico edificio y magnífico espacio cultural, al concierto que interpretaba la Banda de Música de la Academia General Militar, creada en Toledo en 1893 y que, en la actualidad, –como debe ser– se encuentra ubicada en nuestra Academia General Militar desde la década de 1930. Fue un buen concierto, en el que además pudimos ver la buena voluntad de los caballeros y damas cadetes de la Academia cantando algunos villancicos y los acostumbrados himnos militares. Pero, lo mejor de todo fue que la finalidad era ayudar a una institución especial, magnífica, meritoria como la Hermandad del Refugio. Estamos hablando de una institución que se crea en Zaragoza el año 1642, por el empeño de doce vecinos de la ciudad y que comienza su andadura en la iglesia de San Andrés, ya desaparecida. Su labor está suficientemente acreditada y la historia la avala, pues no en vano el papa Inocencio X le concedió el título de Santa y el rey Felipe V el de Real, y desde luego merecidos los dos. Felicidades a todos los que componen esta vieja institución zaragozana, nacida de la voluntad de los vecinos de Zaragoza y actualmente llevada con pulso firme y acierto por el amigo Manuel Marqueta. Por cierto, como ven, la clave de esta ciudad son sus vecinos, ese título que a mi tanto me gusta.

Día a día

El obispo Osés o el elogio de la valentía

Hace unos días se cumplieron cuarenta años de la llegada del obispo Osés a la ciudad de Huesca y el Instituto de Estudios Altoaragoneses convocó una mesa redonda recordando a “Javier Osés y la Iglesia española de su época”. Hay que agradecérselo y mucho el que pudieran recordar –en voz alta– aquellos días gentes que saben mucho de lo que pasó, como es el caso del director de “Religión Digital” José Manuel Vidal, de Pepe Bada, de Pablo Martín de Santa Olalla o de Javier Ortega. Y, sobre todo, hay que apoyar esa reivindicación –innecesaria por otra parte pero que nunca sobra- de esa figura excepcional que fue don Javier.

Con su imagen entrañable, cercana, pacificadora y sabia, el obispo Osés llenó muchos años de la vida oscense –y acaso aragonesa- con un episcopado de más de treinta años. Con su valentía y su palabra, ni un milímetro alejada del mensaje de Cristo, supo decir lo que tenía que decir y donde lo tenía que decir. Máxime cuando le tocó vivir esa Iglesia que impuso el miedo entre una jerarquía en la que todos los seguidores del cardenal Tarancón fueron condenados por pensar. El nuncio Tagliaferri cambió cromos como quien cumplimenta un álbum de jugadores de fútbol, dejando marginados a grandes hombres de Iglesia –entre los que está, pese quien pese, ese hombre de Dios que es don Elías Yanes- a los que la historia, a la que ningún Nuncio puede manejar a su capricho, acaba poniendo en su sitio y reconociendo su valía y su obra. Y para recuperar ese sentido de unión entre todos los cristianos, podemos acabar releyendo o descubriendo ese testamento espiritual del obispo Osés, que nos dejó este obispo de Huesca que fue uno más entre las gentes que construyen esta tierra, siglo a siglo.

Día a día

Ramiro I de Aragón

Es bueno que hoy, día de la Constitución española, de esa Carta Magna en la que se basa nuestra convivencia, tengamos en esta tierra aragonesa un recuerdo cariñoso para nuestros primeros reyes; para aquellos monarcas guerreros del siglo XI que acometieron la tarea de construir pueblos, caminos, puentes, iglesias, campos, rutas comerciales y una capital para ordenar el nuevo estado.

Y, en especial, para Ramiro I de Aragón, hijo del pamplonés Sancho el Mayor, descendiente directo de los condes aragoneses, primer rey de esta monarquía pirenaica que acometió el diseño de un nuevo mundo. Aunque es cierto que sería su hijo, el rey Sancho Ramírez, el verdadero creador de este estado, no cabe duda que nuestro recuerdo hoy debe ir a ese infante pamplonés, conde aragonés y rey de Aragón que inauguró la dinastía en el otoño de 1036.

Y, para ponerle imagen, nada mejor que esta miniatura de un documento conservado en los archivos jacetanos y que –aunque es del siglo XIII- nos puede dar una entrañable ventana al pasado, no exenta de arcaísmo en esta imagen coloreada recientemente por Escarlati. En ellas, Ramiro está sentado en el trono y ante él su hijo Sancho Ramírez. Pero de estos monarcas volveremos a hablar.

Día a día

La vergonzosa claudicación de universitarios de Zaragoza

Recorriendo el complejo mundo de Internet, en busca de noticias sobre la celebración del aniversario de la recuperación del Gran Teatro del Liceo de Barcelona, acto que ha tenido lugar hoy día 2 de diciembre de 2009, nos encontramos con que van a hacerse diversas retrasmisiones de la ópera de Giuseppe Verdi, Il Trovatore, estrenada en 1853. Y vemos que en el campus universitario de Murcia, acompañada de una conferencia del zaragozano doctor Álvaro Zaldivar, se hace publicidad de dicha ópera con un exquisito trato para la historia y hablando de la historia aragonesa y de sus personajes. Y eso que es así en otros ámbitos de otras universidades españolas, incluso en las páginas oficiales de Televisión, no lo es en una página de la Biblioteca María Moliner en la que anuncia la retrasmisión de la ópera, acto organizado por el Área de actividades Culturales de la Universidad de Zaragoza.

Y es de absoluta vergüenza leer el texto que incluyen los responsables o quienes sean los autores de esta actividad en nuestra Universidad, cuando explicando la ópera dicen que “La acción se sitúa en la España del siglo XV, durante la Guerra Civil (1413) que enfrentó al conde Jaime de Urgel, pretendiente a la Corona catalana-aragonesa a la muerte de Martín el Humano, y a Fernando de Antequera, de la rama de los Trastámara, que fue nombrado rey por el Compromiso de Caspe (1412)”. Es lamentable que unos señores al servicio de nuestra Universidad y de los aragoneses, no sepan discernir lo que toda la sociedad aragonesa acaba de denunciar, incluidos los catedráticos y profesores de nuestra Universidad competentes en la materia. Sólo queda pedir que sean respetuosos con la historia aragonesa, con los aragoneses y con lo que opinan los responsables científicos de la Universidad de Zaragoza. Pero, a fecha de hoy, es ciertamente lamentable.

Día a día

La mirada de los primeros aragoneses

Javier Burbano publica esta hermosa foto –que yo le he capturado para dar escenario a una sensación- puesto que al verla me vienen a la memoria, ignoro por qué causa, los momentos en los que los primeros aragoneses estaban creando el Reino de Aragón, escondidos entre montañas, temerosos de que se asomaran por el valle enemigos armados hasta los dientes, azotados por la curiosidad de bajar el río y buscar la llanura donde debería haber buenos cultivos, porque en esta montaña hay agua pero no hay tierra. Ese es el paisaje de un tiempo de gentes empeñadas en progresar, en buscar nuevas cosechas para sus hijos, en apostar por descubrir ese horizonte que se escondía entre montañas nevadas y verdes, frías e inhóspitas. Y por esas gentes debemos defender los conceptos. Por esas gentes debemos seguir planteando que España debe mucho al Reino de Aragón, creador de la Corona de Aragón y del mayor imperio mediterráneo que vieran los tiempos que sucedieron a los romanos. En esta foto, en cualquier momento puede asomarse el rey Ramiro, el primer rey de Aragón, que desgranaba los días de los años de mediados del siglo XI.

Día a día

¡La Corona de Aragón existe incluso en sus documentos!

Estamos viviendo un tiempo en el que es necesario que los hombres y mujeres de Aragón asumamos nuestras obligaciones, tanto de cara a hacer posible el futuro (construyendo el progreso y apostando por el mañana de nuestros hijos), como comprometiéndonos en la defensa de nuestra historia. Es conveniente que, cuando nos empleamos en construir desarrollo, evitemos que nadie utilice nuestro pasado en beneficio de no se sabe qué, en realidad: en contra nuestra. Y este es el momento en el que nos toca defender un concepto muy importante para entender Aragón. Me refiero a la Corona de Aragón, un concepto que habla de entendimiento, de universalidad y de respeto. Me refiero a una monarquía que supo sumar para hacer más fácil el futuro, a un modo de hacer política que se desarrollaba sobre tres ideas claves: compromiso con la Historia como garante de la paz, compromiso con el hombre y la mujer como instrumentos de desarrollo y compromiso con la convivencia como valor supremo.

Y esta Corona de Aragón, que algunos catalanes quieren derrumbar para generar una entelequia denominada Corona catalana-aragonesa, es algo que es muy fácil de defender pero que es necesario defender. Yo podría aportar cientos de razones que nos hablan de que existió la Corona de Aragón, una federación de estados gobernados por los reyes coronados en Zaragoza. Y, además, lo podemos hacer con tres referencias claves que les propongo como motivo de reflexión:

      1º. Todos los documentos generados por los reyes de Aragón están custodiados en un archivo muy importante que nuestros reyes quisieron crear en Barcelona, y que siempre se ha llamado Archivo de la Corona de Aragón. Que nunca se ha llamado Archivo de la Corona catalana-aragonesa y eso que estaba en Barcelona.

      2º. Cuando se reunieron todos los presidentes de los Parlamentos autonómicos en Zaragoza, en julio del año 2000, acordaron la conveniencia de “profundizar en todos aquellos aspectos que comparten tanto los que se derivan de un pasado histórico y cultural común, ligado a la antigua Corona de Aragón, como aquellos que puedan contribuir a configurar, en el futuro, unas mejores relaciones de convivencia y desarrollo cultural, social y económico entre las personas y los pueblos respectivos…”. Lo han podido leer bien, se habla de Corona de Aragón y uno de los que lo firma es el presidente del Parlament de Catalunya.

      3º. Bajo la dirección del cap del Server d´Estudis de Caixa de Catalunya, se realizó este estudio “Aprosimació a l´anàlisi de les relacions econnòmiques entre Aragó, Illes Balears, Catalunya i Comunitat Valenciana, ámbit de l´antiga Corona D´Aragó”. No hay más que decir, en todo caso recordar que dicen que “L’informe següent pretén analitzar les característiques més significatives de les relacions comercials entre les regions de l’antiga Corona d’Aragó…” Y qué tozudos son los responsables catalanes cuando hablan de Corona de Aragón y no de Corona catalana-aragonesa.

Podríamos ampliar al máximo estas citas de documentos y realidades oficiales, nacidas en el seno de la Comunidad catalana, en las que se habla expresamente de Corona de Aragón, de Corona d´Aragó. Por eso, podemos sacra como conclusión primera que pudiera ser que sólo hablaran de corona catalana-aragonesa los más radicales y, tal vez, los más incultos.

Día a día

LA CORONA DE ARAGÓN La incultura o la iniquidad de un consejero de cultura

Estamos viviendo en estos días un interesante debate sobre la Corona de Aragón, en concreto sobre cómo debemos denominarla, que se ha desatado con las declaraciones del conseller de Cultura del Gobierno de Cataluña al anunciar el descubrimiento de los restos del rey Pedro III el Grande. La controversia se ha desatado sobre tres puntos concretos que avalan, de entrada, la enorme incultura de este buen señor llamado en el mundo don Joan Manuel Tresserras, supongo que en la sucesión del poder Joan Manuel I de Cataluña. Son tres asuntos de cierta importancia que pueden ser disculpados si son producto de su ignorancia, pero que nunca pueden ser admitidos si en realidad fueran producto de un intento suyo de manipular la historia con intereses partidistas.

El primero es su explicación de que se habían encontrado los restos del rey de la Corona catalano-aragonesa. El segundo es que se trata de Pere II, hijo de Jaime el Conquistador, y el tercero habla de que es la primera tumba de un rey catalán que se ha encontrado intacta. No se pueden enunciar más disparates en menos palabras, cuestión que debería llevarnos a financiar a este señor -por suscripción pública- un master sobre Historia de España en cualquier universidad inglesa o francesa, donde quizás descubrirá que allí hablan de una historia muy diferente a la que él quiere imponer.

Pero, conviene recordar algunas cuestiones claves a este respecto en torno a la idea principal: nunca hubo una corona catalana-aragonesa, lo que existió y está documentada es una Corona de Aragón que tenía unos reyes que eran coronados como tales en la catedral de Zaragoza, en la Seo de San Salvador, en la capital política del Reino de Aragón. Por lo tanto, mal va este señor y los que le dan cobertura planteando la idea de una corona que no existió, cuestión que desde Aragón no se le debería pasar sin que fuera objeto de una firme reprobación, sin adentrarnos en el motivo –ignorancia o manipulación- pues que los dos son impropios de un servidor público.

Pero, además, es conveniente que le pidamos que hable de los reyes con precisión, puesto que si los restos son de Pedro III que vive entre 1240 y 1285, no puede confundirlo con Pedro II que vivió entre 1178 y 1213 y que además nació en Huesca. Y esta es la segunda cuestión, lo que nos da paso a la última cuando él se refiere a la tumba de un rey catalán. Sus asesores, que supongo serán más cultos que él, deberían haberle dicho que mal puede hablar de un catalán refiriéndose a Pedro II porque nació en Huesca y que si se refiere a Pedro III nació en Valencia.

En ninguno de los dos casos el rey susodicho nació en territorio de la actual Cataluña, que por cierto no existía como unidad territorial en aquel momento. Pero mucho menos el aragonés Pedro III al que se refiere, pues según su visión sería valenciano, a no ser que este político imperial considere que Valencia también es Cataluña. Claro está que, a estas alturas, yo me pregunto como puede hablar de Pedro II en el siglo XIII cuando ya hubo otro Pedro II en el siglo XII, nieto de la reina Petronila de Aragón que aportó a la Corona el título real y la familia de los Aragó. El puede hablar de Pere II de Cataluña, pero lo suspenderán en el master que deberá cursar en las universidades extranjeras porque el mundo culto entiende que a Pedro II de Aragón (rey de Aragón y conde Barcelona) no puede confundírsele con Pedro III de Aragón, Barcelona, Valencia, Mallorca….

De todo esto hay que tomar buena nota, porque los pueblos que no defienden su historia, la verdad de su pasado, son pueblos que acaban cautivos y amordazados por la iniquidad de los otros. Así que propongo que se haga llegar al Gobierno de Cataluña el ruego de que sea más respetuoso con su propia historia, que también es la nuestra. E igualmente que se sienten las bases para tratar de ayudar a este servidor de la Generalitat y se haga una suscripción pública con una doble finalidad. Si le guía la ignorancia le pagamos ese curso en Oxford, en la Sorbona o en cualquier universidad europea para que no piense que lo queremos contaminar. Y si lo que le guía es la maldad y la mentira tendenciosa, le pagamos una semana de ejercicios espirituales en Montserrat para que medite sobre la conveniencia de acompañarse por la Verdad, base de la dignidad de la persona. En este caso, aunque es mucho más grave el asunto, nos saldría más barato de coste. En todo caso, una precisión al señor Tesserras porque cuando dice que van a estudiar inmediatamente los restos del rey lo que debería anunciar es que no es al rey al que van a estudiar, que es a él al que van a poner inmediatamente a estudiar la historia de su comunidad.

Creo que ya vale de pasar por alto estas muestras de malévola ignorancia, es el tiempo de defender la verdad como único camino para el desarrollo de la convivencia que gentes mal intencionadas quieren romper. Y esto no se lo podemos consentir.

REYES DE LA CORONA DE ARAGÓN
Alfonso II, 1169-1196
Pedro II 1196-1213
Jaime I 1213-1276
Pedro III 1276-1285
Alfonso III 1285-1291
Jaime II 1291-1329
Alfonso IV 1327-1333
Pedro IV 1336-1387
Juan I 1387-1396
Martín I 1396-1410
Fernando I 1412-1416
Alfonso V 1416-1458
Juan II 1458-1479
Fernando II 1479-1516

Día a día

Mosen Leminyana, en la atalaya de Roda de Isábena

Acaba de morir mosen Jesús Leminyana, un hombre que supo compaginar todos sus amores para atender las necesidades de una tierra profundamente aragonesa, plenamente acosada por los vecinos catalanes y necesitada de gentes que tiren de ella para sacarla de la atonía. Ha muerto a los 84 años de edad, dejando atrás más de tres décadas atendiendo a la salud espiritual de sus gentes, restaurando con sus manos los viejos edificios románicos, empeñando su inteligencia en lograr que volvieran sus parroquias a depender de un obispado aragonés… Ha muerto un verdadero señor de la Ribagorza, un hombre empeñado en la recuperación del ser humano histórico, identificado con esa Iglesia que él acercó a las calles y a las necesidades de sus gentes, dispuesto hasta perdonar a unos ladrones que le robaron la paz en esa noche de silencios, en 1979, que hirió de muerte la vieja silla de san Ramón.

Por eso, el mejor homenaje que le podemos hacer es mantener viva su memoria como ejemplo de lo que es un hombre identificado con su tierra, empeñado en mejorar la vida de sus gentes, dispuesto a gastar sus días allí en el escenario de inviernos duros y secos veranos. Iremos a Roda a recordarlo, iremos a Roda a cumplir con la gratitud que le debemos a este hombre de sonrisa franca y serena, de hablar pausado, de señorío medieval. Y seguro que lo sentiremos cerca cuando contemplemos ese sepulcro de San Ramón sobre el que proclamó su dimensión como sacerdote.