El pasado 10 de diciembre asistí en el Auditorio de Zaragoza, magnífico edificio y magnífico espacio cultural, al concierto que interpretaba la Banda de Música de la Academia General Militar, creada en Toledo en 1893 y que, en la actualidad, –como debe ser– se encuentra ubicada en nuestra Academia General Militar desde la década de 1930. Fue un buen concierto, en el que además pudimos ver la buena voluntad de los caballeros y damas cadetes de la Academia cantando algunos villancicos y los acostumbrados himnos militares. Pero, lo mejor de todo fue que la finalidad era ayudar a una institución especial, magnífica, meritoria como la Hermandad del Refugio. Estamos hablando de una institución que se crea en Zaragoza el año 1642, por el empeño de doce vecinos de la ciudad y que comienza su andadura en la iglesia de San Andrés, ya desaparecida. Su labor está suficientemente acreditada y la historia la avala, pues no en vano el papa Inocencio X le concedió el título de Santa y el rey Felipe V el de Real, y desde luego merecidos los dos. Felicidades a todos los que componen esta vieja institución zaragozana, nacida de la voluntad de los vecinos de Zaragoza y actualmente llevada con pulso firme y acierto por el amigo Manuel Marqueta. Por cierto, como ven, la clave de esta ciudad son sus vecinos, ese título que a mi tanto me gusta.