Categoría: Día a día

Día a día

Zaragoza y «Los árboles mueren de pie»

Este es el título de una hermosa comedia, escrita por el asturiano Alejandro Casona, uno de nuestros mejores escritores escénicos, que lamentablemente tuvo que abandonar España en plena contienda fratricida de 1936.

La comedia pretende apostar por un mundo de ilusiones, en el que se pueda hacer frente a las miserias y desilusiones del mundo real. Como dice el protagonista, Mauricio, “De los males del cuerpo ya hay muchos que se ocupan. Pero ¿quién ha pensado en los que mueren sin un solo recuerdo hermoso?…” Los árboles mueren de pie, a manos de los que no apuestan por la ilusión de un mundo mejor, por gentes que no se han sentido nunca estremecidos por nada…

En Zaragoza, el Teatro Principal debería inaugurar su temporada -la brillante temporada que nos va a ofrecer con toda seguridad- con esta obra de Alejandro Casona. Pero, por favor, avisen al equipo de gobierno PSOE-CHA que no hace falta que se lleven las hachas, que esto es sólo una comedia que apuesta por construir un mundo mejor.

Cuando llegaron sus verdugos
lo encontraron florecido
con ademán de vientre,
golpeáronlo despiadadamente
en su amoroso verde
y él de vez en cuando
soltaba un pájaro o gemía mariposas.

Nadie lloró cuando alargó
sus raíces, acariciando
aún con vida
la tierra cercana.

Y por el pasillo angosto,
a él, que era alto y ancho,
sacáronlo en tandas.

Sólo sus arterias sollozaron
cuando una brisa.

Día a día

Ha muerto un trabajador de la Expo

En la mañana zaragozana y a orillas del Ebro, cuando el calor todavía no aprieta mucho, un accidente se nos ha llevado a la eternidad a Freddy Alberto Arenas, un trabajador de la construcción, un hombre que –lejos de su Colombia natal- ha empleado sus saberes y su ilusión en colaborar a construir ese gran proyecto que se llama Expo2008. Su muerte nos ha dejado helados y nos ha invadido la tristeza y la impotencia, la brisa del río ha sabido a dolor, la mañana se ha quedado vacía para esa gran familia de la empresa López Navarro que siente un profundo pesar.

Todos hemos perdido. Su nombre queda engarzado a ese espacio internacional, su nombre abre una lista que no queremos que crezca, que queremos que se cierre con él. Por eso, es tiempo de aumentar los niveles de seguridad si cabe, tiempo de reflexionar, tiempo de comprometerse con la vida. Y, mientras tanto, es tiempo de que la familia de este colombiano nos sienta cercanos, dispuestos a ayudarles, empeñados en construir cercanías para los que necesitan de una palabra amiga, de una mirada comprometida.

Y como homenaje a la memoria de Freddy Alberto Arenas, voy a recordar esos versos del gran poeta colombiano Carlos Martín, titulados “La voz sobre el olvido”, que dicen así:

“… Soy la oscura mitad de tu existencia,
Fruto de llanto abierto en la penumbra,
alondra vegetal que se acostumbra
a la rama con sangre de tu ausencia.

Sombra de una memoria sin presencia
bajo la noche que tu llanto alumbra,
abierto corazón que no vislumbra
su cielo derrumbado a tu sentencia.

Colmena de ceniza, dispersado
palomar de la nostalgia, voz tardía
de nocturno rumor, atribulado
fuego de soledad y de agonía

donde la muerte con su musgo helado
cubre la rama de la ausencia fría”.

Día a día

El maravilloso ejemplo de la Fundación Benito Ardid

El viernes por la mañana, dentro de mi agenda de visitas a las entidades e instituciones que protagonizan la labor asistencial de esta ciudad, acudí a las instalaciones de la Fundación Benito Ardid, en el barrio de las Fuentes, para ver su residencia y los talleres que allí tienen en funcionamiento. Y lo que era una visita de una hora, dejó de ser una visita para convertirse en una convivencia de más de dos horas en las que estuve con los protagonistas de esta hermosa aventura, con los hombres y mujeres que van trabajando para que las limitaciones y las exclusiones comiencen a ser un relato del ayer.

Fue un tiempo precioso, un tiempo en el que me sentí feliz de poder estar allí, compartiendo, disfrutando con ellos, aprendiendo lo que es trabajar por los demás. José María López Gimeno -un hombre que merece el respeto y apoyo de todos nosotros- y sus gentes (mujeres como Teresa, María Pilar, la gerente…) son un extraordinario ejemplo de servicio y de compromiso, un compromiso sincero que se muestra en la sonrisa cómplice y la entrega continuada con que van haciendo posible el milagro del día a día, el milagro de lograr que este puñado de zaragozanos -junto a Miguel el de Azuara que estaba orgulloso del jardín que cuida- puedan ser felices, puedan gozar de los días del verano y de las tardes invernales.

Es muy importante que todos los zaragozanos tomemos conciencia de la maravillosa e impagable labor de estas organizaciones que atienden a los disminuidos, en todas sus vertientes, desde las educacionales a las laborales, pasando por las residenciales. Por cierto, era evidente que ahora hay que generar más apoyos –de todos- y levantar una residencia para que los padres que se han hecho ancianos puedan seguir viviendo con sus hijos discapacitados. A esta tarea que hace la residencia, en la que no debemos olvidar que también se acogen personas que no tienen familia, se suma el centro ocupacional –que ayuda a la maduración- y los centros especiales de empleo “en los que el minusválido es un trabajador más con su salario, seguridad social y relación laboral”, tal como lo explican en su web.

Es un mundo que todos debemos conocer, con el que todos debemos estar comprometidos, del que todos debemos hablar porque ese es el mejor homenaje y apoyo a los que lo hacen posible. Yo no sé si los ciudadanos querrán encomendarnos el gobierno de Zaragoza, pero nunca he tenido más claro que si es así, esa misma noche habrá que ponerse a trabajar para que –en esta ciudad que es la mía, la que quiero y en la soy feliz- las personas que más apoyo necesiten sean los primeros protagonistas de nuestras políticas de desarrollo personal muy reales.

Y además, después de estar dos horas en la Fundación Benito Ardid, os tengo que decir que la verdadera dimensión de este problema no es que ellos nos necesiten, el trasfondo de todo es que los necesitamos nosotros. Y los necesitamos mucho para saber lo que es hacer gestiones realistas, sensatas, eficaces, generosas, justas. Y además tenemos necesidad de ellos para no perder la dimensión de lo humano.

Mientras avanzamos por este camino, les debemos desear buen verano en ese maravilloso pueblo de Isín que han reconstruido ellos –con más bien poco apoyo de las instituciones tratándose de la obra que es- en ese valle del Aurín que fue el paisaje en el que pasó muchos veranos Ramón y Cajal. Un paisaje cargado de historia y de historias que con este grupo de zaragozanos logra ser también un paisaje cargado de humanidad. Gracias a todos vosotros.

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Cuando tiraron al abad por la ventana…

He hablado de la importancia del real monasterio y panteón de San Juan de la Peña, monumento nacional desde 1889, pero no quiero dejar este tema sin referir una anécdota inmensa que protagonizó el abad Francisco Cassis, al que los monjes no querían mucho, quizá por ser siciliano.

Este abad fue encerrado por Alonso de Aragón, el arzobispo de Zaragoza que gobierna la sede episcopal y es regente del reino a principios del siglo XVI, en las mazmorras que tenía en su palacio -debajo de donde hoy está la zaragozana plaza de San Bruno- y, como no sabía cómo librarse de él, ordenó que lo pusieran en medio del río Ebro -con una barca- para que siguiera la corriente y se fuera del reino. No obstante, el abad decidió escaparse y volver a su monasterio esperando encontrar apoyo, y así abandonó el río y se presentó en San Juan de la Peña.

Pero los monjes, sabedores de la medida del regente de expulsarlo del reino, también decidieron librarse de él y no pensaron mejor cosa que hacerlo tirándolo por una ventana. El porrazo debió de ser monumental pero estaba claro que al abad defenestrado sólo le quedaba una salida: correr y correr, magullado y dolorido, para huir de este reino. Y así marchó a Roma, dispuesto a denunciar estos atentados ante el propio papado, pero allí, después de escucharlo con atención, le aconsejaron que sólo había una solución a su problema: no volver nunca más a ese reino que no lo había querido.

La historia es curiosa, incluso un buen punto de partida para una narración novelada que yo les brindo en esta noche de julio, justo cuando estoy recogiendo en la carpeta las notas de la conferencia que escribí para Jaca.

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Las etapas de San Juan de la Peña

En el post sobre mi participación en el Curso de Verano, que ha montado y culminado con éxito la doctora Pilar Poblador -dentro de las importantes presencias de la Universidad de Zaragoza en Jaca-, comentaba que había reflexionado sobre la historia del monasterio de San Juan de la Peña a lo largo de los siglos y su referencia como identidad aragonesa.

Ahora, atendiendo a los ruegos que me han llegado de algunos lectores -los cuales agradezco-, quiero precisar un poco más y haceros llegar -para comentarlas entre todos y compartirlas- las etapas para entender cómo se convirtió este monasterio en la clave de Aragón.

Primera etapa.- Desde el siglo XI -como panteón de los reyes de Aragón- se convirtió en el espacio que custodiaba la memoria de las hazañas del reino, el recuerdo de los reyes que habían hecho posible este estado pirenaico. Y este empeño fue mantenido durante el medioevo, mientras los reyes dejaban de visitar el monasterio porque se habían ido a vivir a la costa e, incluso, al Mediterráneo.

Segunda etapa.- A finales del siglo XV, los cronistas zaragozanos comienzan a escribir que en este paisaje de San Juan de la Peña se proclamó al primer rey de Aragón, dejando claro que antes que el rey fueron los aragoneses, dando razones a los nobles que estaban muy enfrentados con los monarcas que les querían limitar su poder. Ese es el momento -incluso durante los siglos XVI y XVII- en el que se explica que García Ximénez es tan héroe como Pelayo, el líder asturiano que se sublevó en Covadonga.

Tercera etapa.- En el siglo XVIII los monjes se van a vivir a un monasterio nuevo, el de la pradera de San Indalecio, y cómo no pueden trasladar las tumbas reales deciden protegerlas. El rey Carlos III comienza a construir un nuevo panteón en 1770, que los franceses respetarán en 1809 y al que acudirán los viajeros románticos. Estos poetas, seducidos por la muerte y los panteones, llegan en la primera mitad del siglo XIX atraídos por estas tumbas que son «la cuna de la monarquía española, hasta las sepulturas de los primeros conquistadores cristianos», tal como escribe Gustave d’Alaux en 1838.

Cuarta etapa.- A finales del siglo XIX, en 1889, el oscense Pedro Claver y Bueno vincula -por primera vez- San Juan de la Peña con la cueva asturiana de Covadonga, y, a principios del siglo XX, el periodista Mariano de Cavia denuncia que se haya dado mucho dinero al santuario de Covadonga (con ocasión de sus mil doscientos años) y San Juan de la Peña esté «en el olvido más triste, en el abandono más inicuo», destruyéndose solo y abandonado. Cuál es la clave que hay que lograr para salvarlo: pues conseguir que una carretera permita llevar a miles de personas hasta allí para verlo y admirarlo. Y eso se logra en 1931, tras el empeño de Primo de Rivera, cuando llegan hasta el monasterio por primera vez los automóviles y los primeros autobuses. Ese es el momento en el que el monasterio para a ser un espacio para el turismo, para disfrute de los aragoneses. El momento en el que este conjunto de dos monasterios y paisajes hermosos se convierten en cita turística, para todos los que quieran apreciar la belleza del románico y el valor de los escenarios en los que nació Aragón.

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Mi meteórico Curso de Verano en Jaca

La tarde del martes he estado en la ciudad de Jaca, en esa maravillosa ciudad que fue la primera capital del Reino de Aragón, para participar como profesor en un Curso de los que se imparten este año. Concretamente en el Curso sobre «Conservación y renovación: reflexiones sobre arquitectura contemporánea», que dirige mi buena amiga Mª Pilar Poblador.

He disfrutado mucho hablándoles de la historia de las intervenciones en el viejo monasterio de San Juan de la Peña, de cuando los reyes lo fueron construyendo como panteón real y de cuando el olvido lo fue destruyendo, perdido entre unos parajes fabulosos pero muy alejados del centro político del reino. Les he explicado las etapas que definen su historia y cómo se han ido sucediendo intervenciones de multiples arquitectos. Hemos disfrutado juntos y hemos reflexionado un poco más sobre este paisaje en el que nació y se gestó lo aragonés, en un paisaje en el que comenzó la lucha contra los musulmanes allá por el año 732 y en un paisaje en el que en 1931 se celebró el primer «Día de Aragón» conmemorando el día en el que los automoviles pudieron llevar hasta la pradera de San Indalecio a cientos de gentes. Ha sido el colofón a una visita que han hecho los alumnos del curso con Natalia Juan. Y, por cierto, ha sido el preámbulo a una cena apasionante en la que he compartido mesa con muchos compañeros de la Universidad de Zaragoza y, de manera especial, con el ingeniero Juan José Arenas que es un prestigiado profesional que hace en nuestra ciudad el Puente del Tercer Milenio. Juan José es un encanto de persona, un hombre profundo y reflexivo, un mundo por descubrir. Sobre todo si le acompaña su mujer, en cuyo caso se hace realidad ese dicho que dice que junto a todo gran hombre hay una gran mujer.

Acabo de llegar a Zaragoza, he subido y he bajado, pero ha merecido la pena porque conocer a personas que te enseñan los caminos del conocimiento y que vibran en la onda del respeto y la elegancia personal siempre es importante.

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Gratitud eterna al Presidente Adolfo Suárez

Hoy, 3 de julio, se cumplen treinta años del nombramiento de Adolfo Suárez como presidente del Gobierno de España. Hoy se cumplen treinta años del momento en el que este país comenzó a caminar hacia la democracia, a caminar de la mano de este hombre que nunca dudó que, al final del trayecto, podríamos construir un futuro mejor. Sus esfuerzos, los de todos, hicieron posible aquellas palabras con las que se dirigió por televisión: “la meta última es muy concreta: que los gobiernos del futuro sean el resultado de la libre voluntad de la mayoría de los españoles”.

Hoy, tres décadas después, y mientras la enfermedad nos lo ha trasportado a otro mundo de sensaciones, los españoles debemos estar profundamente agradecidos a este hombre que hizo posible lo más difícil, poner en marcha el proceso de la transición que nos llevó a la Constitución de 1978 y a la España de las Autonomías. Y, aunque él ya no pueda saberlo, no debería quedar una ciudad en este país que no tuviera una calle dedicada a este hombre, a este artífice de la paz como camino hacia la convivencia, tal y como hicimos los populares_ en el Ayuntamiento de Zaragoza, el 22 de junio del año pasado, mediante una moción que fue aprobada por unanimidad.

Su trayectoria es testimonio ejemplar de un presidente del Gobierno que tiene claro que su primera tarea es reconocer la soberanía popular, trabajar por el bien común, construir antes que destruir, buscar la paz fuera de la ignominia, respetar a los españoles y no traicionar su confianza. De él podrían aprender muchos, especialmente el actual presidente socialista del Gobierno que, a fecha de hoy y cuando ya tiene 46 años, no sabe el significado de la palabra España.

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La fiesta de Santa Orosia

Hoy, día 25 de junio, la Iglesia católica celebra la festividad de santa Eurosia, la famosa santa Orosia que es patrona de la ciudad de Jaca, de las montanas pirenaícas, de muchas comarcas en Italia y de muchas ciudades en el Nuevo Mundo. Hoy habrá procesionado por las calles de Jaca, acompañada por el fervor de los que estaban allí y de los que estabamos fuera, mientras las gentes de esta tierra altoaragonesa subían en romería al monte de Yebra de Basa. Y habrán ido con ella los danzantes y el clero catedralicio, y los romeros con sus viejos ropones de paño marrón, y los jacetanos de siempre, y quizás hasta algún «espiritado» de los que -hasta hace cincuenta años- acudían a ponerse bajo la peana de la santa en la procesión. Hoy ha sido un día grande, desde que por la mañana hayan llegado mis compañeros de la Real Hermandad a la catedral de Jaca, hasta que mis paisanos serrableses hayan besado la reliquia en Yebra de Basa.

La santa que hunde sus raices en el mundo altomedieval, que para unos es princesa de Bohemia y para otros una mártir de esta tierra en el siglo IX, ha vuelto a hacernos sentir parte de esta tierra aragonesa que hunde sus raices en la historia, en su propia historia documentada desde el siglo XIII.

Santa Orosia es una devoción que ha creado -a lo largo de más de diez siglos- toda una cultura que ha suavizado la complicada vida en los valles pirenaicos, en las llanuras de las Cinco Villas o en los caminos de Teruel cuando sueñan el itinerario romano de Báguena y Burbáguena. Santa Orosia es una devoción que ha creado ritos para protegernos del agua desaforada que destruye o para implorar la llegada del agua que salvará nuestras cosechas. Santa Orosia es una figura en torno a la cual se han ido construyendo un rosario de milagrosas intervenciones, en las cuales la desesperación de las gentes de mi tierra ha sido vencida por la esperanza. Santa Orosia es una santa que ha desarrollado una iconografía hermosa desde el medievo, que ha potenciado los bailes del paloteado, con danzantes de sombreros de flores que procesionan golpeando sus palos al son del chiflo y del arpa hueca o chicotén medieval. Santa Orosia es la figura que aparece en el mundo renacentista cuando se crea el Teatro histórico y se habla de la pérdida de España ante los musulmanes…

Pero sobre todo, nuestra patrona es el principal referente para que nosotros, las gentes de los valles de la Jacetania y del Serrablo, nos sintamos parte de una civilización que ha sabido construir el vivir diario de generaciones, en las frías mañanas del invierno nevado o en las largas tardes de la primavera reseca. Eurosia, Orosia, nuestra patrona es una puerta a la esperanza de cada día, una razón más para saber que el mañana siempre es posible, que merece la pena construir un espacio común en el que compartir los minutos. Por eso, desde la distancia física y la cercanía emocionada, quiero dejar constancia de que el día 25 de junio es la fiesta de santa Orosia.

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Ha muerto Julio Gavín

La tarde del martes, con el último sol del atardecer soñando el silencio en los picos del Serrablo, despedimos a Julio Gavín en esa iglesia de Cristo Rey de Sabiñánigo, que tantos recuerdos me trae a la memoria de mi infancia.

Lo despedimos con todos los honores, con el calor de sus hijos y nietos, con el presidente del gobierno aragonés a la cabeza, con los hombres y mujeres de Sabiñánigo atenazados por el afecto, con muchas gentes venidas de otros puntos de nuestra comunidad siguiendo la estela de un hombre que supo ser generoso, constructivo y amante de esta tierra…

Mosen Miguel Domec puso la palabra emocionada deseando a Julio la paz, esa paz que se desea a los grandes hombres que han sabido hacer comunidad y progreso. Mosen Domingo Lizalde, aportando el afecto de un canónigo de la tierra, recordó la obra de este serrablés de oro. Y con sus palabras, mientras se colaban los rayos de la tarde por las vidrieras y el perfil del monte de Santa Orosia se granaba en honor de este hombre que se nos ha hecho inmortal, todos contuvimos esa lágrima furtiva de agradecimiento a Julio Gavín Moya, a un hombre que aprendió en la escuela de Sabiñánigo Pueblo que esta tierra es algo hermoso y grande, que recogió de Mosen Pardo Asso -el gran filologo olvidado- el convencimiento de que nuestra civilización pirenaica es nuestra vida. Seguro que en la iglesia de San Pedro de Lárrede hacía más frío, seguro que las palmetas de la puerta de Busa contenían el tiempo, seguro que en la pradera de Fanlo la brisa llevaba su nombre, seguro que esa mujer dibujada por la mano divina de sor Isabel Guerra se entristecía en el castillo de Larrés.

Se nos ha ido Julio en silencio, pero sus manos abiertas han llenado esta tierra de frutos. Hoy somos más de aquí, somos más aragoneses, por su esfuerzo y por su empeño. Y desde allí, con el cura Durán que tanto nos enseñó, seguro que ya han comenzado a compartir la verdad de la historia, de esa Historia en la que Julio también tiene por derecho propio un puesto de honor.

Paz y Memoria eterna a quien tanto bien nos ha hecho a Aragón.

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Convención del PP de Zaragoza en Calatayud

El Partido Popular de Zaragoza celebra mañana, jueves 15 de junio, una Convención en Calatayud en la que se va a abordar el futuro de la provincia de Zaragoza con propuestas en positivo que contribuyan a mejorar la calidad de vida de los ciudadanos.

En la convención, que comenzará a las 20 horas en el Salón de Actos de la sede de Ibercaja, intervendremos el Presidente de la Comarca de la Comunidad de Calatayud, José Antonio Sanmiguel; el Secretario General del PP de Aragón y alcalde de Calatayud, Fernando Martín, y yo. Y será clausurado por nuestro Presidente Regional y candidato al Gobierno de Aragón, Gustavo Alcalde.

Un acto en el que se van a exponer las conclusiones de la Convención Nacional que se celebró el pasado mes de marzo en Madrid bajo el lema ‘Hay futuro’, y cuyas conclusiones deben convertirse en criterio de actuación que sirvan para revitalizar al conjunto de los municipios de Zaragoza.