Día a día

Cuando tiraron al abad por la ventana…

He hablado de la importancia del real monasterio y panteón de San Juan de la Peña, monumento nacional desde 1889, pero no quiero dejar este tema sin referir una anécdota inmensa que protagonizó el abad Francisco Cassis, al que los monjes no querían mucho, quizá por ser siciliano.

Este abad fue encerrado por Alonso de Aragón, el arzobispo de Zaragoza que gobierna la sede episcopal y es regente del reino a principios del siglo XVI, en las mazmorras que tenía en su palacio -debajo de donde hoy está la zaragozana plaza de San Bruno- y, como no sabía cómo librarse de él, ordenó que lo pusieran en medio del río Ebro -con una barca- para que siguiera la corriente y se fuera del reino. No obstante, el abad decidió escaparse y volver a su monasterio esperando encontrar apoyo, y así abandonó el río y se presentó en San Juan de la Peña.

Pero los monjes, sabedores de la medida del regente de expulsarlo del reino, también decidieron librarse de él y no pensaron mejor cosa que hacerlo tirándolo por una ventana. El porrazo debió de ser monumental pero estaba claro que al abad defenestrado sólo le quedaba una salida: correr y correr, magullado y dolorido, para huir de este reino. Y así marchó a Roma, dispuesto a denunciar estos atentados ante el propio papado, pero allí, después de escucharlo con atención, le aconsejaron que sólo había una solución a su problema: no volver nunca más a ese reino que no lo había querido.

La historia es curiosa, incluso un buen punto de partida para una narración novelada que yo les brindo en esta noche de julio, justo cuando estoy recogiendo en la carpeta las notas de la conferencia que escribí para Jaca.