En el Salón de Actos de la Real Academia de Bellas Artes de San Luis, se están celebrando una serie de conferencias de un ciclo, organizado por el Museo de Zaragoza, del Gobierno de Aragón y la Institución Fernando el Católico, que pretende hacer un recorrido por lo que ha sido la Zaragoza romana.
Y, ciertamente, lo va logrando en sucesivos encuentros que han protagonizado Francisco Beltrán (hablando sobre los primeros habitantes), Pilar Galve (repasando el mundo de las necrópolis), nuestro académico conservador Miguel Beltrán (que habló sobre la casa romana), Francisco Escudero (planteando el tema de las cloacas romanas en la ciudad), Isabel Rodá (disertando sobre la escultura en tiempos de Caesar Augusta), y hoy que Juan Paz ha hablado de la antigüedad tardía, dando paso a la última intervención que hará nuestro académico correspondiente Antonio Mostalac, hablando de las novedades que hay en lo referente a la arqueología paleocristiana.
Hoy, hemos podido recorrer los últimos años de Roma y los primeros del mundo bárbaro de la documentada mano del arqueólogo Juan Paz, con anotaciones ciertamente interesantes sobre temas tan singulares como la Columna sobre la que está la imagen de la Virgen del Pilar, o también sobre los problemas de las complicadas construcciones basilicales de Santa Engracia. Es una buena apuesta por la que hay que felicitar a los organizadores.
Y, para poner una imagen a este ciclo, nada mejor que recordar al profesor Antonio Beltrán, miembro ilustre de la Real Academia y Cronista de Zaragoza, entre otras muchas cosas, recordando su ingente trabajo para desvelar la historia de estas tierras:
El lunes por la tarde asistí, en la hermosa Iglesia de San Miguel de Zaragoza, al aniversario de la muerte de Domingo Figueras, ese zaragozano ilustre que recibió la Medalla de Plata de Zaragoza por todos sus afanes y sus trabajos en pro del mundo procesional que vive y se desarrolla en torno a Nuestra Señora del Pilar, en torno a la Sangre de Cristo y su procesión del Santo Entierro y, por supuesto, en torno a los rasgos de identidad aragonesa.
El pasado 14 de abril pudimos asistir -en el
… y, por eso, es un buen día para disfrutar de esta tierra que nos ha visto nacer, de este Aragón al que tanto debemos, de esta comunidad que tanto ha aportado al mundo;
Hacía una mañana preciosa y en las carreteras –a pesar de que era temprano- ya se veía el trasiego propio del sábado, incluso ya había mucho movimiento en la Panadería de Ayerbe, allí donde se pueden comprar esas buenísimas tortas de calabaza, tan sabrosas y típicas, y por supuesto las torticas de Ayerbe, esas mismas que comprábamos en la estación cuando subía a Sabiñánigo con el Canfranero.
Celebrando ese día de la mujer, que quiera Dios que algún año deje de celebrarse por haberse logrado todo lo que significa, he tenido la oportunidad, yo diría que el placer de compartir un buen rato con la voz, las letras y el talento de esa cantante excepcional que es la Paris, la Maricarmen de su madre, una de nuestras artistas más significativas. Y quiero dejar constancia de
El otro héroe es el escolapio Basilio Boggiero Spotorno, nacido en el pueblo italiano de Celle –el año 1752– y que se consolidó como un destacado teologo, de brillante oratoria y afamado pedagogo del colegio escolapio en el que fue maestro del general Palafox. Durante los Sitios, el general lo convirió en su principal consejero y a su pluma se deben las mejores proclamas que escribió Palafox a los ciudadanos de Zaragoza. Boggiero significa uno de los aportes más importantes de la pedagogía del siglo XVIII, sobre todo si recordamos su «Plan de Educación», lamentablemente inconcluso y en el que contestaba a Rousseau en numerosas cuestiones. Murió a los 57 años y con su muerte los franceses quisieron acabar con uno de los símbolos de la resistencia zaragozana. Como recuerda la web de la Fundación 2008, “Tras la rendición de la ciudad, fue asesinado junto a Santiago Sas el 22 de febrero de 1809, rompiendo así Lannes su promesa de respetar la vida de los rendidos. Tras sus asesinatos tiraron ambos cuerpos al río Ebro desde el puente de Piedra por orden de los franceses, donde hoy existe una cruz recordando dichos sucesos sobre el puente”.