Día a día

Domingo Figueras, entre nosotros

El lunes por la tarde asistí, en la hermosa Iglesia de San Miguel de Zaragoza, al aniversario de la muerte de Domingo Figueras, ese zaragozano ilustre que recibió la Medalla de Plata de Zaragoza por todos sus afanes y sus trabajos en pro del mundo procesional que vive y se desarrolla en torno a Nuestra Señora del Pilar, en torno a la Sangre de Cristo y su procesión del Santo Entierro y, por supuesto, en torno a los rasgos de identidad aragonesa.

Se nos fue materialmente hace un año, pero espiritualmente se quedó para siempre engarzado en la carroza del Corpus, en la imagen de plata que hizo Cubeles de la Virgen del Pilar, o en esa vara de mando que portaba en las procesiones y que, al final, fue su mejor cayado para recorrer esta ciudad que amó hasta sus límites.

De todo ello habló y muy bien el padre Miguel Ángel Estella, que celebró acompañado por el párroco de San Miguel, un sacerdote con una amplia preparación humana y una buena formación intelectual al que tuve el honor de darle clase hace muchos años, y por el secretario de la conferencia de los obispos aragoneses, el padre Carlos Pintado, buen amigo desde hace muchos años, desde aquellos tiempos en los que acometió su tesis sobre el sínodo zaragozano.

Y Miguel Ángel recordaba mi intervención en el pleno del Excmo. Ayuntamiento al darle la medalla, una intervención que nunca colgué en mi página –como las otras- y no se porqué razón. Por eso, ahora la incorporo para que quede constancia de las valías de ese gran zaragozano que fue Domingo Figueras.