Hoy hemos estado mucha gente, de diferentes procedencias y sentimientos, en la iglesia de San Cayetano en el funeral de un buen amigo, en el funeral de una gran persona, en el funeral de un zaragozano de los de verdad, de los auténticos. Y, como siempre, hoy también nos ha hecho correr a los concejales, incluida su admirada Dolores Serrat, porque hasta tenía que morirse en medio del debate de la ciudad. Pero, no podíamos faltar a la cita, a la despedida de Domingo Figueras. Y allí –a la derecha de su féretro, cubierto con el negro paño de su amada Hermandad- me venían a la mente mil recuerdos, mil imágenes, mil palabras, esas llamadas a cualquier hora del día sólo para decirme que estaba allí, como siempre, cercano, afectuoso desde esa aparente dureza, que sólo sostenía ya el cachirulo que se lo ponía como Dios.
Y se me ha llenado el alma de tristeza, cuando me he dado cuenta que se nos había ido, que ya no podría presumir más de esa Medalla de Zaragoza que llevaba prendida no en la solapa sino en el corazón. Y me ha producido un nudo en la garganta ver llorar a sus nietos, la infinita tristeza de su hija apoyada en su marido, la mirada humedecida de muchas gentes anónimas, la entereza de su viuda desconsolada, de Paca, de una mujer ejemplar donde las haya. Y he sentido la soledad que nos invade cuando se va un amigo, la rabia que nos inunda cuando se diluye en la historia un cascarrabias que logra poner cariño en los duros paisajes de todos los días.
Hoy, Domingo Figueras estaba callado, yo creo que por primera vez y, sin embargo todos lo recordábamos hablando sin parar, fumando sin parar, trabajando por nuestras procesiones sin parar… Todos echábamos en falta su voz, pero todos estábamos convencidos que este zaragozano ejemplar no había sucumbido a la muerte, porque la muerte es el olvido y a este baturro de la ribera no se le puede olvidar. Bienvenido a la eternidad, bienvenido a la historia de esta ciudad que ha dado sentido a tu vida, bienvenido a nuestro recuerdo. Y especialmente bienvenido porque nos has enseñado muchas cosas sin pretenderlo, sin hacerlo. Una de ellas me sigue pareciendo una preciosidad y yo quiero compartirla hoy, desde mi tristeza y mi afecto, con todos vosotros. Es el final del Pregón de la Semana Santa que hizo Domingo Figueras en el año 2005, un final que es toda una llamada a comenzar una vida más útil y más entrañable. Decía en la Plaza del Pilar, en ese momento mágico en el que cae la tarde por encima de las murallas romanas, que:
“…Solo soy un cofrade zaragozano, a veces de apariencia adusta, que muchas veces os abre y cierra las puertas de nuestro San Cayetano. Un cofrade que con cariño y sinceridad, os acaba de abrir las puertas de su corazón y que desde aquí os dice: “ Dios bendiga a quien aún pudiendo criticar, guarda silencio.”
Hasta siempre Domingo, de tocayo a tocayo te diré que la Semana Santa no será igual, que la ofrenda de frutos tampoco, que el Rosario de Cristal se ha quedado sin pilas, y que la mesa de la cuestación del Cáncer en la Calle Alfonso nos entristecerá. Y sabes porqué, pues porque los ojos se nos humedecerán y entonces te volveremos a echar en falta. No sé como lo haces, pero acabas protagonizando la historia de esta ciudad bimilenaria que hoy –más que nunca- es tuya.
Estos días está ofreciendo el escenario del centenario Teatro Principal, el teatro municipal de la ciudad de Zaragoza, la representación de una obra que está catalogada como una tragicomedia en la que se adentra el autor en el misterio de la mente y en el análisis de esos pilares de la vida que le permiten abordar su reto humano, desde el mundo de las apariencias, las adicciones y la mentiras.
He tenido la suerte de asistir a algunas de las sesiones de este V Congreso, que se han celebrado en nuestra ciudad, el 13 y 14 de noviembre, y tengo que decir que he disfrutado al poder oír a personas que cuentan con una sólida formación y una amplia experiencia. Asistir a una reflexión en voz alta con personas como Rato, Roca o Solana, es un privilegio y por ello lo quiero destacar, felicitando a los que lo han hecho posible, en especial al amigo Salvador Arenere.
Con este curioso título nos convocaron, en la tarde del viernes 14 de noviembre, a un hermoso concierto el pianista Mariano Ferrández y la mezzosoprano Pilar Márquez. Fue una cita memorable, de las que no se olvidan, y ellos dos dieron lo mejor de sí mismos, haciendo que la voz y la música se convirtieran en un canto a las mujeres que han destacado a lo largo de la historia musical de Europa. El marco contribuyó especialmente por tratarse de la Iglesia de la Mantería, de las madres escolapias, que está decorada con pinturas del gran maestro Claudio Coello.
Fue entrañable asistir a este concierto organizado por la Junta del Distrito Centro, presidida por la concejal popular Carmen Galindo, y encontrarme allí con buenos amigos y con personas de la valía y la talla humana de madre Visitación Cabello, madre Visi para todos los pequeñines que comienzan su vida en sociedad en este colegio de las escolapias. Junto a ella, la provincial Magdalena Soriano, la madre Boned, y las madres superioras que allí se habían reunido. Y lo más importante es que esta es una primera entrega, lo cual nos llena de alegría a los amantes de la música.
Ni que decir tiene que esta va a ser nuestra principal propuesta en positivo de los próximos meses. No vamos a dejar de la mano esta reivindicación que ustedes pueden asumir y comentar en
Como colofón de esta selección de referencias de prensa, reproducimos la foto del alcalde Belloch que incluye un medio, puesto que es la persona que “ha ido con los bolsillos rotos y ha vuelto sin pantalones» de la sede del Gobierno de Aragón, en la que rindió armas poniendo los intereses de la ciudad al servicio del Gobierno aragonés y no logrando que el Gobierno aragonés se pusiera al servicio de los zaragozanos, a los que debe muchos millones y lealtad institucional pues nosotros también somos aragoneses. Y en este cómico viaje, el desayuno se justifica con un documento: el acuerdo de la Comisión Bilateral en el que «no hay una sola medida de fomento de la economía municipal, ni de ayuda a las familias, ni para paliar las situaciones de pobreza que se comienzan a detectar en el Casco Histórico»…
Hace unos días terminaron las idas y venidas de los barcos por el río Ebro, de los barcos que había puesto Turismo Ebro Fluvial como consecuencia del acuerdo al que llega con el equipo de gobierno municipal, un acuerdo que era muy ventajoso y tolerante para todos menos para la ciudad y el río, al que se le ha tratado muy mal. Si se pensaba disfrutar de 350.000 viajeros, apenas se ha llegado a los 18.000. Si se pensaba poder navegar por el río con soltura, todo han sido problemas y situaciones casi cómicas que han nacido de no querer ajustar la navegación al río. Si se pensaba que estábamos ante un negocio próspero, al que no se le puso traba alguna aunque hubiera que dañar la solera del Puente de Piedra, al final se ha visto que todo ha concluido en un fracaso económico que lleva a la empresa a renegociar el contrato firmado con el Ayuntamiento.
Cada día tengo más claro que la situación económica del Ayuntamiento de Zaragoza es bastante apurada, tan apurada que pueden ponerse en riesgo las inversiones necesarias para mantener viva a la ciudad y atender a las necesidades sociales de las personas que vivimos en ella. Hay muchas razones que me llevan a esta percepción, además de los rotundos estados de cuentas que son documentos oficiales que salen de la propia administración presidida por el alcalde Belloch. Y la primera de estas razones es que el responsable de Economía y Hacienda, el teniente alcalde Francisco Catalá, ya ha vuelto al viejo discurso de acusar al Partido Popular de haber dejado al Ayuntamiento en situación de quiebra el año 2002. La segunda es que nos acusa de inmorales por hacer y ejercer la oposición. La tercera es que nos ha recomendado hacer un curso complementario de contabilidad acelerada para que supiéramos entender las cifras…