Les decía que este santo estaba muy vinculado a los marineros y que dio nombre al el famoso Fuego de san Telmo que, físicamente, es un resplandor brillante blanco-azulado, que en algunas circunstancias tiene aspecto de fuego, a menudo en dobles o triples chorros surgiendo de estructuras altas y puntiagudas como los mástiles de los barcos.
Y es cierto que es en los mástiles donde se observa este símil de fuego durante las tormentas eléctricas en el mar, un resplandor que estudió Benjamin Franklin y aclaró –en 1749- que era de naturaleza eléctrica. Lo cual no cambió en nada la sensación que producía en los marineros que se encomendaban al santo en aquellos complicados momentos de las tormentas.
Y de este fuego, tan famoso en la historia y en la literatura, que puede incluso aparecer en las puntas de los cuernos del ganado durante las tormentas eléctricas, tenemos abundantes menciones literarias como las que hace Julio César, en su obra De Bello Africo, Plinio el Viejo en su Historia Natural o el propio Julio Verne cuando, en su Viaje al centro de la Tierra, escribe: Silencio general. El viento calla. La naturaleza no respira. Parece muerta. A lo largo del mástil empiezan a centellear débilmente los fuegos de San Telmo; la vela cae en pesados pliegues…
San Telmo, santo del santoral, barrio de Buenos Aíres, Museos de España, Real Academia de Málaga… toda una devoción extendida y consolidada desde el medievo.
El ajustar el santo de cada día es un grave problema, porque los calendarios católicos se llevan la contraria y cuando hablas de un santo te ocurren cosas curiosísimas, sea quien sea el santo aludido. Por ejemplo, el que hoy nos ocupa que es el conocido como San Telmo tiene diferentes espacios en el santoral. Unos le dan fecha en el mes de abril, algunos el día 15, otros el 16 e incluso algunos el 20, mientras otros dicen que su fiesta se fija el día 2 de junio… Como ven es asunto complicado y, en muchas ocasiones, tienes que tirarte a la piscina y aciertas si Dios quiere.
Hoy jueves 8 de abril de 2010 hace sesenta años de la muerte de Nijinsky, uno de los grandes bailarines que ha dado Rusia al mundo. Nacido en Kiev en 1890 y muerto en Londres en 1950, se hizo famoso por la intensidad de sus actuaciones, por su virtuosismo y por su genialidad, sin olvidar que ha sido el bailarín que ha desafiado más a la gravedad en sus prodigiosos saltos. Su lápida se conserva en el cementerio de Montmartre en Paris, donde fue trasladado desde tierras inglesas tres años después de su muerte. Es personaje que ha trascendido a todas las ramas de la cultura y Henry Miller habla de él en su “Trópico de Capricornio” cuando habla de que este prodigioso bailarín está loco porque, según escribe, “lo habían descubierto regalando dinero a los pobres…¡lo que siempre es malo!”.
El martes pasado, en el programa que tengo en COPE Zaragoza, a eso de la una menos cuarto del mediodía, hablaba de un caballito que está ubicado detrás de la Lonja de Mercaderes, en ese espacio en el que la calle Don Jaime I irrumpe en la ribera frente al Puente de Piedra. Y hablaba de ese caballito, una escultura en bronce de ese gran artista aragonés que fue mi amigo Paco Rallo, porque me ha parecido obligado rendir homenaje a un fotógrafo zaragozano que se llamó Ángel Cordero Gracia y que se pasó su vida, los días buenos y los malos, los de la primavera y los del otoño, haciendo fotografías a los niños y niñas zaragozanos que se subían a ese recordado caballito de cartón, desde el que todos esperaron ver salir el pajarito que debía salir cuando el fogonazo de la vieja máquina te dejaba viendo chiribitas. La sombrilla en el verano, la estufa en el invierno que le venía bien para secar las fotos, su profesionalidad en todo tiempo y su entrañable imagen por los siglos de los siglos. El se fue en el frío febrero de 1978,
después de sesenta años al pie de la vieja máquina con cortina por la cabeza, pero nunca pudo imaginar que
Hace veinte años Antonio López pintaba la Gran Vía, realizando un costoso y hermoso cuadro como podeis ver. Hace cien años la inauguraba el rey Alfonso XIII. Hoy los reyes la han recorrido. Pero, por encima de todo y de todos, la Gran Vía es la prueba de que a principios del siglo XX había triunfado el automovil y que las ciudades necesitaban espacios para que ellos fueran captando simpatias y envidias. Que la sociedad gustaba de tener cines grandes en las calles, a cuyas puertas reunirse y compartir encuentros y desencuentros. Que el ser humano gustaba asombrarse contemplando esos anuncios de neón, luces de colores convertidos en mensaje, que nos recordaban las grandes ciudades que algunos privilegiados habían podido ver y que los demás habiamos oido contar. Era la calle de las comunicaciones, la calle de la Telefónica en cuyos locales las telefonistas nos conectaban con medio mundo a través de esas conferencias que abrían esperanzas y asombros. Pero, la ciudad trazaba la Gran Vía, destruyendo más de trescientas casas, para que quedara claro que la nueva arquitectura abandonaba la madera y se hacía consumista del hormigón y del acero, de aquellos compañeros que le permitían subir hasta el cielo de Madrid. La gran ciudad había nacido y todo hablaba de un nuevo lenguaje urbano, aunque lo más llamativo eran los ascensores…, había llegado la hora del ascensor y eso si que era simbolo de riqueza y de poder. Como podemos recordar, en realidad la Gran Vía era la demostración de que habíamos llegado a la modernidad… En realidad, la Gran Vía era la calle que hizoposible contemplar todos los adelantos de ese mundo de principios del siglo XX que bailaba tranquilo y que soñaba con los grandes avances. Feliz aniversario calle de tan buenos recuerdos, aceras del asombro en las que todos hemos conocido historias urbanas que han dado la vuelta al mundo. La Gran Vía es la historia de España.
Quiero compartir con vosotros el recuerdo de los monumentos del Jueves Santo que se levantaban en las parroquias y en las catedrales (en la Seo de Zaragoza para llegar a él, por las naves renacentistas de los pies se colocaban los Tapices). Fabián Mañas fotografió este de San Martín del Río, hecho en 1881 por González y Gisbert. La urna dorada que preside simulaba el sepulcro de Cristo, y todo lo adornaban palmeras que rememoraban la entrada de Cristo en Jerusalén y muchos cirios y velas…
Y también es posible rememorar la grandeza de los mismos volviendo a la iglesia de
Es uno de esos jueves que relucen más que el Sol, pero es un día triste porque en él recordamos la muerte del Señor de la Historia, de Jesús de Nazaret, del Hijo de Dios. Por la mañana ha tenido lugar la Misa Crismal, en la que antaño los obispos bendecían los óleos que se emplearán todo el año en los sacramentos del bautismo y la confirmación, en la extremaunción, en la consagración de obispos… Por la tarde se celebran los Oficios que inician el Triduo Pascual que culminará en la noche del Sábado Santo, con la gran Vigilia Pascual que recuerda y festeja la Resurrección de Cristo. Se lavan los pies –antes a doce ancianos- para recordar que lo más importante para el cristiano es ejercer la caridad, la cercanía, la humildad, el amor. Se celebra una misa en la que se rememora que Cristo instituyó la Sagrada Eucaristía en la Última Cena, y al final se deja el Sagrario abierto y se traslada el Santísimo a un Monumento en el que se velará toda la noche. El altar queda vacío, sin luces, abandonado para recordar que Cristo ha muerto y el silencio se hace señor de la tarde y de la noche, sólo roto por los golpes de los tambores que recuerdan –como en el Gólgota- que la presencia del Espíritu siempre se acompaña por el ruido…