Los tiempos de la Guerra de la Independencia fueron movidos y los años posteriores también, máxime cuando el rey Fernando VII estuvo persiguiendo a los héroes de la Guerra contra los franceses, cuyo único fin había sido recuperar el trono para este monarca estúpido y traidor que se había entregado en las manos de Napoleón. Uno de ellos fue el guerrillero burgalés Juan Martín “el empecinado” que era un liberal que triunfó sobre los franceses sitiando Calatayud, Daroca, El Frasno, Alagón, Mainar y en la Zaragoza de 1813 donde entró triunfador, exactamente el día 9 de septiembre de ese año. Pero hay momentos en los que la gloria de servir a los demás se convirtió en la condena de los que tan generosamente actuaron, así ocurrió con el Empecinado que fue encarcelado y ajusticiado por liberal en la España de ese rey que mejor es olvidar hasta su nombre.
SUGERENCIA 6. LOS VINOS DE CARIÑENA.
La literatura universal los ha consagrado como referente de momentos estelares de la creación literaria, pero sería la historia quien los convertiría en presencia desde ese vino, mezclado con miel, que bebieron los romanos de la villa de Carae y que tenemos documentado para el siglo III. Cariñena siempre ha sido tierra de vinos y así se ha reconocido por los gobiernos que se han sucedido en este país. Pero, el hito fundamental escriben los especialistas que se produce en tiempos de la II República española, en el mes de septiembre del año 1932, cuando se le concedió lo que hoy llamaríamos Denominación de origen.
SUGERENCIA 5. TERUEL ES CIUDAD.
El 7 de septiembre de 1347 el rey Pedro IV de Aragón decide premiar a la villa de Teruel, sobre todo por su fidelidad al monarca en los malos momentos de su enfrentamiento con los poderosos del reino. Por ello, confirmando que la fidelidad es un valor muy importante en estas sociedades que basan el poder del rey en la aceptación de sus súbditos, Teruel era convertida en ciudad y así comenzaba otro período mas de su brillante devenir por la historia de un territorio que supo ser frontera de Aragón para acabar siendo puerta de Aragón hacia esas tierras valencianas que contribuyó a conquistar.
SUGERENCIA 4. EL FERROCARRIL ZARAGOZA-BARCELONA
El día 6 de septiembre de 1861 en la Estación del Arrabal se celebraba la gran fiesta que servía para recibir al primer ferrocarril que llegaba a esta ciudad de Zaragoza, presidida por el rey consorte Francisco de Asís. Era el procedente de Barcelona que ponía en marcha una potente línea que había sido creada por real decreto de noviembre de 1852 y por la reina Isabel II, enamorada de los ferrocarriles. Desde aquel día salía de Zaragoza a Monzón, Lérida, Manresa y Barcelona, el ferrocarril que había puesto a la ciudad del Pilar en el mapa de las modernas comunicaciones por los caminos de hierro del tren.
LA CURIOSIDAD DEL NOMBRE DE ORNA
Hablar de Orna es plantearnos interesantes problemas históricos, al mismo tiempo que entrar en contacto con una cultura y una civilización que están bien descritas por el querido amigo Vicente Ara, en sus interesantes libros. Pero, de manera especial, entramos en relación con su topónimo que ya hemos dicho que para unos es latino –procedente del término “urna”- y que para otros incluso puede testimoniar recuerdos de presencias romanas complicadas de fijar, por lo menos mientras no tengamos más datos arqueológicos.
Pero, leyendo cuestiones sobre toponimia me encontré con alguna interpretación singular y, sobre todo, con el testimonio de la presencia de este topónimo “Orna” en otros lugares de Asturias, en Mieres, o en Cangas de Onís, donde el río Bueña se documenta en el año 926 como Orna, o en el Concejo de Allande hay un río y monte que se llama Orna. Incluso podemos saber que Schulten, estudiando la vida de los cántabros y astures, relacionó la raíz de la tribu de los Orniacci con el antropónimo Orne y el río Orna, en la Galia…
El caso es que todos los especialistas hablan de este topónimo como un topónimo relacionado con el mundo fluvial, con los ríos. Por ejemplo, escriben que “en la toponimia francesa, Auguste Vincent, hablando de las corrientes de agua, cita L’Orne, afluente del Mosell (el Mosela), documentado Orna en el año 775”. Y el gran filólogo Menéndez Pidal escribe “que los orniacos que habitaban la antigua Orna, actual Huerna, ocupaban una región la cual «debió extenderse hasta el Vierzo [así] donde corre el río llamado hoy Huerna, y en antiguos documentos Orna, afluente del Órbigo». Pongo una foto del valle del Huerna con el río Huerna u Orna.
Y para concluir, J. M. González se remite a un gentilicio astur “orniaco”, mencionado por Ptolomeo, y nos sugiere que el origen podría estar en un hidrónimo el río Orna, del territorio de los antiguos astures que daría nombre a los pobladores que habitaron sus riberas. No deja de ser sugerente que estemos hablando de un topónimo relacionado con el agua, fluyendo y manando, incluso con el agua que se agita, y si remitimos a lo que dice Martín Sevilla leemos que su origen nos llevaría al griego “ornumi” por agitado o movido…
Como pueden ver, asunto curioso en el que no sabría decirles por cuál me inclino por que lo importante es que ustedes sepan que existen estas teorías y que este topónimo tan aragonés y serrablés trasciende las fronteras de nuestro viejo Reino de Aragón, el espacio en el que el lugar de Orna de Gállego fue importante referencia.
ORNA DE GÁLLEGO Y EL REINO ARAGONÉS
Me habla doña Laura, la dueña del Restaurante Cobarcho de Jaca, al que suelo ir con frecuencia pues se come bien y el ambiente es muy agradable, de un pueblo serrablés para mi muy querido, debido a que frente a su iglesia me hicieron la primera grabación para televisión, en aquel 1972 para el prestigioso Informe Semanal. Por eso, el reto que me lanza hablando de la historia de este lugar, me lleva a plantear algunas reflexiones sobre su orígen.
Orna es un viejo pueblo medieval que se fundó, en la orilla derecha del río Gállego, un río que siempre ha funcionado como camino que ponía en contacto las tierras del Somontano de Huesca con el Pirineo, desde los tiempos más remotos, pues ya sabemos que a su orilla se extendía la calzada que usaban los romanos en la época imperial para ascender a las aguas termales de Panticosa o al paso del Pirineo. Esta circunstancia ha hecho que algunos autores hayan visto en el topónimo Orna una clara vinculación al término latino “urna”, que significa “urna sepulcral”, con lo que abre la posibilidad de poder hablar de algún establecimiento romano aunque quizás sea más acertado el pensar que el primer asentamiento que se produjera aquí, quizás en el siglo IX o incluso el X, fuera el de esos grupos humanos que van emigrando hacia el oriente. En la misma línea que en Lasieso, este proceso de colonización generaría campos de tumbas que pudieron permanecer en la memoria colectiva y generar el nombre de este lugar que no procedería directamente de la presencia romana en la zona sino de la pervivencia del latín como lengua hablada por las comunidades altomedievales.
Sea lo que fuera, la gran época del lugar de Orna se ubica en el siglo XI y debió de comenzar en tiempos del propio Sancho el Mayor que tuvo interés en establecer nuevos asentamientos humanos en estas zonas para ir consolidando la frontera meridional de su reino. El caso es que se levantarían algunas casas, en torno a una amplia calle única que, al final, delimitaría la iglesia que bien pudo situarse en el espacio de la remota capilla y su necrópolis altomedieval. Y este pequeño establecimiento contaría además con su buena ubicación, en un pequeño cerro amesetado en la orilla derecha del Gállego, que lo dotaba de una cierta posibilidad de defensa o, cuando menos, de visuales sobre la zona. Y en los alrededores, la zona boscosa se puso en cultivo a través de quemas de vegetación y de planificar las tablas a utilizar para generar una actividad económica que estaría muy controlada por el monasterio de San Andrés de Fanlo que, desde su fundación en el siglo X, tiene el encargo de gestionar la ordenación territorial de estos espacios del Serrablo meridional, vertebrado por los ríos Gállego y Guarga.
El caso es que, en el otoño del año 1035, el rey Ramiro I se encuentra en este lugar que da nombre a una unidad territorial que se llamó “Campo de Orna” dirimiendo un pleito del monasterio de Fanlo con el poderoso abad Banzo que –en los años siguientes- pondrá todo su interés en hacerse con campos y casas en este enclave, así como arreglar el lagar de Arto, y poner en marcha los cultivos de vid que caracterizaron al Campo de Orna en el medievo. Si rastreamos las donaciones que se hacen al monasterio de San Andrés de Fanlo, podemos comprobar que en esta población ya algunas personas establecidas de peso e influencia en la corte aragonesa, como García Jiménez que es dueño de la iglesia que tiene el lugar, un templo que sería pequeño y que estaba dedicado a San Miguel, o el propio conde Sancho Ramírez –hijo natural de Ramiro I y gran benefactor de la catedral de Jaca- que tiene una casa en la población. Los dos donarán a Fanlo sus casas, sus viñas y la iglesia; lo mismo que hizo Sancho Iñiguez que había emigrado de Orna para iniciar una brillante carrera que le convertiría en un rico propietario en la Hoya de Huesca y en Orna, sustento que le permitió peregrinar a Jerusalén en 1118.
La vieja iglesia que construyó García Jiménez, que él mantenía y pagaba al mismo tiempo que recibía ingresos por los fieles que la usaban, fue derribada a principios del siglo XII para levantarla en el gran estilo románico que ejemplarizaba la catedral jaquesa, mezclando los arquillos ciegos del estilo lombardo, que dominaba las tierras de Serrablo, y el ajedrezado jaqués de la nueva estética románica. Algunos autores incluso nos hablan de que esta nueva iglesia se levanta a instancia del señor Sancho Iñíguez y, recientemente, algún reconocido investigador, ha llegado a sugerir que se epigrafió una inscripción, sobre la jamba derecha del templo, que hace referencia a que allí reposa Sancho…, en este templo del que suponen benefactor en el entorno del año 1100.
La iglesia se edificó en el siglo XII, en el primer tercio de ese momento y durante el reinado de Alfonso el Batallador, teniendo gran importancia puesto que es el mejor ejemplo que tenemos de la penetración del románico jaqués hacia el oriente. Su contemplación hoy está condicionada por la torre que se le añadió y que tiene un claro aire defensivo, propio para una sociedad que vivió en tiempos de frontera y que luego contribuyó a custodiar la paz en este camino del Gállego.
SUGERENCIA 3. FERNANDO DE ANTEQUERA
Hoy es viernes 3 de septiembre y tal día como hoy, en 1412, el rey Fernando de Antequera se acercó a la Seo zaragozana para jurar los fueros aragoneses, tal y como lo hacían los reyes de Aragón en la catedral principal y cabeza de todo el amplio estado de la Corona de Aragón. Cuando entra en la catedral aragonesa apenas lleva tres meses de rey de Aragón, puesto que lo han proclamado como tal los representantes reunidos en el Compromiso de Caspe, en junio de 1412, cuando el príncipe castellano –nacido en tierras de Medina del Campo en Valladolid- tenía 33 años de edad. Se abría una nueva etapa en la historia aragonesa y se estrenaba dinastía -la de los Trastamara- con un rey que aportaría a la gran historia a su nieto: Fernando el Católico.
SUGERENCIA 2. EL CARDENAL XAVIERRE
Hace 402 años se moría en Valladolid un dominico, nacido en la Zaragoza de 1547, que pasaría a la historia con el título de Cardenal Xavierre al haber sido elevado a tal dignidad en 1607. Pero, además de príncipe de la Iglesia, fue provincial de los dominicos en Aragón, padre general de los dominicos desde 1601, predicador en la corte de Felipe II y confesor de Felipe III. Hoy, en la ciudad conserva su nombre el colegio de los dominicos y sus restos se custodian en la iglesia de Santiago, antigua sede en Aragón de la orden española de los dominicos. Fue además un hombre inteligente y culto, que alcanzó la primera cátedra de Prima de Teología en la Universidad de Zaragoza, el 24 de mayo de 1585, permaneciendo en su titularidad durante más de catorce años.Entre sus obras, producto de su devoción a san Valero, sabemos que destacaron una importante Carta acerca del estado de las reliquias de San Valero, así como una sencilla y breve biografía de este santo, patrón de la ciudad de Zaragoza.
SUGERENCIA 1. SANTO DOMINGUITO DE VAL
Hoy, cuando iniciamos el mes de septiembre, quiero recordaros que ayer se cumplían los 760 años del asesinato de santo Dominguito del Val, un niño zaragozano de siete años de edad que era infante de coro en la Catedral del Salvador. Era hijo del notario Sancho del Val y fue elegido por los judíos para cometer con él una venganza y crucificarlo al modo que lo fuera Jesús de Nazaret. Unos pescadores descubrieron el cuerpo mutilado por los judíos, lo llevaron a su parroquia de San Gil y la ciudad lo convirtió en patrono de esos infanticos que nos lo recuerdan cuando los oímos cantar en la Basílica de Nuestra Señora del Pilar. Era el 31 de agosto de 1250 y reinaba Jaime I. Lo podeís ver en este grabado realizado por Mateo González, realizado en el año 1793.
Repasando la historia de Senegüé en una conferencia…
Mercedes PORTELLA | 12/08/2010
SABIÑÁNIGO.- Domingo Buesa, catedrático de Historia y presidente de la Real Academia de San Luis de Zaragoza, ofreció el pasado sábado en Senegüé una conferencia sobre los diferentes acontecimientos históricos y cómo pudieron influir éstos en el modelo de vida de Senegüé y Sorripas desde el siglo II al XV.
En esta charla, organizada por la Asociación de Vecinos de Senegüé y Sorripas dentro del programa de actividades del mes de agosto, Domingo Buesa habló de los primeros asentamientos en lo alto de la morrena del glaciar en Senegüé, en la entrada al valle y en la zona fértil pasando por la influencia musulmana.
El catedrático también hizo referencia al modo de vida existente en Senegüé (organización, tributos, obligaciones con el rey, etcétera) cuando la localidad fue declarada «villa» por los reyes Ramiro I y Sancho Ramírez en el siglo XI. Además, la importancia de este núcleo creció cuando fue cabecera de la «honor de Senegüé» que abarcaba el territorio y pueblos comprendidos en el entorno del río Gállego entre Biescas y Sabiñánigo, además de los monasterios de San Úrbez de la Garganta y San Pelay de Gavín.
Asimismo, Domingo Buesa se refirió a la fortaleza musulmana y posteriormente cristiana que existió en el lugar que hoy ocupa la iglesia de Senegüé, y la importancia que tuvo el monasterio de San Salvador, encima del pueblo de Sorripas, así como los nombres etimológicos de Senegüé y Gállego.
El presidente de la Asociación de Vecinos de Senegüé y Sorripas, José Antonio Pardo, expresó su agradecimiento. «Ahora que estamos embarcados en el trabajo de recopilación de datos sobre la toponimia geográfica, historia, vivencias y singularidad de Senegüé y Sorripas, que se recogerán próximamente en un libro, este trabajo de Domingo Buesa supone un buen empujón para nuestro trabajo y nos ayuda a entender un poco más las raíces históricas de nuestros pueblos».