Estamos acercándonos al momento en el que la ciudad de Zaragoza deberá inaugurar la cita internacional de la Expo2008, un evento que estaba llamado a ser un referente de modernización para esta ciudad. Pero, el estado de las cosas comienza a plantear algunas alertas que no podemos ocultar. Primero, que el tiempo corre muy deprisa, por lo cual nos da cierto miedo la lentitud con la que el equipo de responsables ha llevado a cabo los inicios de las obras. Y en segundo lugar, que esta Exposición internacional se está construyendo sin referencia rotunda a esos dos momentos claves de nuestra historia: 1808 y 1908. No cabe duda, el tiempo corre muy deprisa y a muchos ciudadanos nos da rabia el que este evento, sin duda alguna deudor del bicentenario, esté diseñándose sin recuperar ese símbolo zaragozano que es la gesta popular del año 1808, incluso sin ningún guiño de cercanía a ese espacio del 1908, al espacio que supo definir la modernización de la capital aragonesa.
Lo ha escrito en alguna ocasión el doctor Solsona, aportando oportunas llamadas de atención a los responsables del montaje de la Expo2008, y sus palabras abrían un fecundo compromiso con nuestras raíces. Y hemos hecho importantes llamadas, los grupos políticos de la oposición (Partido Popular y Partido Aragonés), en el marco institucional del Pleno del Ayuntamiento al equipo de gobierno PSOE-Chunta. Unas y otras acciones, a las que se sumaban peticiones de ciudadanos concretos, no han tenido el eco que se esperaba, ni siquiera han sido tratadas con la disposición que correspondía a la propuesta. Hay que decir que no se ha logrado romper esa reticencia que existe desde la organización de la Expo con los Sitios de Zaragoza. Yo no sé si, quizás prisioneros de la ignorancia de lo que supusieron esos momentos, se considera que sólo fue una guerra y además contra los franceses. Incluso he llegado a pensar que se tenía cierta vergüenza en recordar a los grandes héroes de aquellos acontecimientos.
Es como si diera temor el decir con rotundidad que Zaragoza es una ciudad heroica en todo el mundo, por obra y gracia de sus habitantes de a pie, una ciudad inspiradora del romanticismo europeo por sus acciones sobrehumanas, la ciudad que comenzó a poner freno a los desmanes napoleónicos y salvó a Europa de la amenaza del corso. Hay que acallar los recuerdos, ocultar la memoria de nuestra ciudad, esconder la existencia de los zaragozanos que se vieron obligados -casi sin abandonar su vida cotidiana- a defender la libertad y a este país en cada rincón, en cada piedra, en cada ladrillo. Es doloroso que Zaragoza celebre una exposición internacional, ganada en parte por ese valor de bicentenario de los Sitios y de centenario de una exposición universal, con el silencio y la vergüenza de ocultar su historia, de traicionar a su memoria histórica, a su apuesta por el liberalismo.
Por ello, hay que luchar contra tanto responsable esnobista e inculto, contra tanto ejecutivo oportunista disfrazado de tecnólogo, que no quiere a Zaragoza, que no quiere a sus ciudadanos ilustres, que no quiere sentirse integrado en ese espíritu zaragozano que apuesta por la libertad. Habrá que empuñar nuevamente la voluntad de defender a esta ciudad, ahora desde las plumas y desde las palabras. Y ese empeño por que Zaragoza siga siendo lo que la historia universal le ha reconocido, lo podemos poner en marcha desde este espacio privilegiado que es el barrio de San Pablo. Desde esta maraña de calles, podemos reivindicar que la Expo2008 tenga un importante contenido que hable de nuestra apuesta por el futuro, es decir: de los Sitios de 1808 y de la Exposición de 1908. Una exposición que por cierto, ya hemos dicho, podría generar un a modo de pequeño museo en la restaurada Casa Soláns.
No me atrevo, ya que hago esta referencia a mostrar un proceso modernista en un edificio modernista, a recordar que todavía está pendiente -para nuestra vergüenza- el Museo de los Sitios… No me atrevo a decir que no se apoyan proyectos que viene gestando la Asociación de los Sitios… Pero, como he dicho, si quiero invitar a que sea este barrio de San Pablo el que lidere la batalla para conseguir que nuestra historia bicentenaria sea protagonista en la muestra que se avecina.
Y hacerlo desde este barrio, en el que está ese magnífico colegio de las Escuelas Pías que ha sido tan importante en la historia de esta ciudad, nos lleva a recordar a muchas personas que comienzan por el padre Boggiero que enseñaba y por el general Palafox que era exalumno escolapio. Y que continúan por el parroquiano Mariano Cerezo, que murió de agotamiento tras la defensa de la Aljafería, por el tío Jorge bautizado en la basílica de San Pablo y por el sacerdote Santiago Sas que, como buen párroco de este barrio, defendió el barrio con dos compañías de escopeteros.
Sin duda, será un gran servicio a esta ciudad y una buena lección que deberán aprender los que todavía no han decidido entender que esta ciudad es mucha ciudad para jugar con ella. Mientras se levantan los edificios de la Expo, cuiden algunos no se vayan a ahogar con tanta agua y con el ahogo no puedan explicar al mundo la razón por la que no aprendieron que los Sitios y las gentes de la Zaragoza de 1808 enseñaron a Europa que era posible enfrentarse contra el opresor y que -por encima de la vida- estaba la libertad y la dignidad. Aunque, gracias a Dios y para su pesar, a muchos europeos tengan que explicarles muy poco de este suceso que conmovió al mundo que se abría a la revolución y a la conquista del constitucionalismo. Que se abría a una nueva etapa también en la calle de San Pablo, en la de Broqueleros, en la de San Blas, en la de los Aguadores… y en cualquiera de esas en las que se apuesta por espacios educativos orientados a la infancia y a la integración social. Y eso ocurrirá también en el 2008, doscientos años después de la apuesta de esta ciudad por el liberalismo.