Estos calurosos días de agosto los he dedicado, entre otras cosas, a leer, a disfrutar de las novelas que siempre te relajan, porque sus páginas van construyendo un mundo apasionante y evanescente que tú controlas y te vas imaginando mentalmente. He disfrutado mucho en “La llave maestra”, primera incursión novelada de Agustín Sánchez Vidal, profesor de cine de nuestra Universidad, publicada en el año 2005 después de diez años de trabajo que, como él mismo señala, comenzaron cuando leyó que una mujer americana de origen sefardí llegó a su casa de Toledo, abandonada por sus antepasados -en el siglo XV- y abrió la puerta con la llave que había guardado su familia durante siglos.
A partir de aquí, se escribió esta novela en la que se mezclan dos historias paralelas con cuatrocientos años de distancia, dos aventuras humanas en la que personas de la misma familia intentan descubrir un lenguaje que explique su mundo, un lenguaje que fuera la llave maestra que es capaz de abrir todas las puertas del universo. Reuniendo trozos de un viejo mapa conceptual, intentan buscar esa llave que está oculta en un triángulo de papel que -el autor explica- llevaba en la mano cuando murió Felipe II, como si quisiera abrirse el Paraíso, destrozado por el dolor y el sufrimiento familiar en la tierra.
Una trama cinematográfica que perfila dos itinerarios que siempre coinciden, como si la historia de las familias se repitiera en el tiempo y el espacio. Y, por cierto, hablando de cine, que para eso el autor es catedrático de Cine, creo que en ese mismo año 2005, el director Iain Softley, realizó una película a la que se le puso éste mismo título -“La llave maestra”- y que no tiene nada que ver con la estupenda novela, pues la producción americana cuenta las tópicas peripecias de una estudiante de enfermera contratada para cuidar a una pareja de ancianos dentro de una casa decrépita, perdida en las tierras del Sur profundo de Estados Unidos, vibrando con un mundo de miedo.
La novela de Sánchez Vidal no habla de miedo, sino de esperanza y de progreso científico. Toledo y el monasterio de El Escorial, ese que dicen tiene forma de parrilla invertida para recordar y homenajear la memoria de San Lorenzo que murió asado, son los escenarios hispanos compitiendo con el Oriente, Europa, América y el universo mundo del pensamiento humano.
El otro día
Ascendimos al cerro y nos encontramos con una muralla brutal, con una muralla en medio de la cual han descubierto una tumba -escondida dentro de la muralla- en la que han encontrado un esqueleto, un casco de hierro, los restos de una comida ritual y un banco. Una tumba en la que habían colocado, en el siglo VI antes de nuestra Era, una cabeza cortada mirando hacia la zona de la que venían los enemigos. La cabeza cortada de un guerrero famoso al que colocan allí para que los proteja, para que mientras mire al este los enemigos no se puedan acercar al poblado.
Aunque, quizá mirando hacia el infinito desde ese cerro y con el cierzo en la cara, he llegado a pensar que el verdadero reto para nuestra sociedad del conocimiento es descubrir que aquellas gentes celtas -que recibían la mañana con el miedo de perder la vida- han triunfado sobre el tiempo y sobre la historia. Hoy, cuando los aviones surcan los cielos, incluso con el amigo Serafín Olcoz de guía excepcional, los guerreros que iban a destruir vidas y haciendas los ha hecho polvo el tiempo y al guardián de esa comunidad, al protector de sus vidas lo hemos mirado con cariño y con ternura. Hemos visto su casco, hemos imaginado sus penachos, hemos sabido de la caries de ese niño que los estudiantes han bautizado como Cuco con todo el cariño del mundo, hemos visto sus cuencos cerámicos, hemos visto los campos que ellos vieron…
Leo, con mucha sorpresa, en las páginas de la web municipal que, en Zaragoza y en estas fechas, se está trabajando en mejorar los colegios públicos, cosa que aquí -en Londres- ni siquiera sería noticia por la atención que hay en estas materias de formación, planteando cuestiones muy innovadoras y, muchas veces, fuera del aula. Y quiero anotarlo por el impacto que me ha producido.
Aprovechando la bondad climática de las tardes, de estos días agosteños en los que el cierzo parece que nos echaba de menos y se venía a acariciarnos, he paseado por nuestra ciudad. Lo he dicho muchas veces y lo he llegado a escribir. A mí me gusta andar los paseos espaciosos y las calles, perderme en el dédalo de viejas callejuelas, recrearme en los espacios de esas plazas recoletas que nacieron después de la Guerra de la Independencia, oír las rotundas campanas del Pilar mientras buscas rostros en las ventanas antiguas, en esas que ya han perdido la compañía de los viejos geranios que ponían bonito contraste en el color de las fachadas zaragozanas.
Hay muchas cosas que hacer en esta ciudad, muchísimas si queremos que sea una ciudad moderna, cosas muy importantes para sacarla de la intolerable agonía y el declive de estos últimos años… Pero, además, hay que aprender a pasearla, a quererla a ras de suelo, a sentirse de esta tierra bendecida por la Virgen del Pilar, a sentirse ciudadano y compartir el sueño de construir la ciudad del futuro con los hombres y mujeres que descubrimos asomadas tras las persianas, que nos contemplan desde la puerta de sus tiendas, que nos miran desde las ventanillas de sus taxis, que nos saludan al pasar, que se sienten participes con nosotros de tantas alegrías y -sobre todo- de tanto futuro que no podemos dejar escapar…
El viernes pasado, día 18, participé en uno de esos estupendos
He escrito en varias ocasiones sobre la fiesta de San Lorenzo, ese
Hoy, día 10 de agosto, las calles de la capital altoaragonesa están ocupadas por la procesión que mantiene la Real Cofradía de Caballeros de San Lorenzo, por las gentes que se sienten vivas y dichosas de ser aragonesas y oscenses. Y, mientras tanto, los que estamos lejos cerraremos los ojos llevándonos un ramo de albahaca a los labios, rememorando sabores, olores y
No hace falta recordar que desde 1866 existe en América del Norte una
Hace unas semanas vino a Zaragoza la Secretaria Ejecutiva de Política Social y Bienestar de nuestro partido, Ana Pastor, y compartió con algunos colectivos una jornada en la que los populares aragoneses nos planteamos la
Esta mañana hemos asistido, en el distrito de Casablanca, a un homenaje justo, a un homenaje que tenía como protagonista a un ciudadano especial, a un hombre que decidió emplear su tiempo en la conquista del bienestar de los demás.