Día a día

SUGERENCIA 23. LA FIESTA DE LOS FIELES DIFUNTOS

Estamos en el undécimo mes del calendario gregoriano, aunque para los romanos era el noveno mes (novem) de donde le viene el nombre. Y estamos en su segundo día, una jornada que tiene similitud en muchas partes del mundo pues es el día dedicado a recordar a los muertos, a las almas de los que han traspasado ese río que dividía la vida y la muerte en el antigüedad. Durante el día de hoy se desarrollan en varios continentes una serie de actividades tendentes a rezar por los muertos, en múltiples lenguajes y de muchas maneras, recuperando una potente tradición que nació en los primeros tiempos del cristianismo y que parten de una idea clave: cuando una persona muere ya no es capaz de hacer nada para ganar el cielo; sin embargo, los vivos sí podemos ofrecer nuestras obras para que el difunto alcance la salvación. Ayer el calendario cristiano recordaba los santos, hoy recuerda los que no tienen esa condición pero van camino de la eternidad. Para ellos, sus familias han mantenido ritos y tradiciones desde hace siglos, que se han ido complicando con la superposición de culturas. Y si no les diré que en México hoy montan el altar de los muertos -como el que pueden ver- donde ponen las cenizas de sus familiares y las comidas que más les gustaban, puesto que las antiguas religiones aztecas decían que en la primera luna llena de noviembre los dioses dejaban regresar a la tierra a los muertos para estar con sus familias. Por cierto, esta fiesta de los fieles difuntos mejicana ha sido considerada como Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO. Como ven las cosas no cambian tanto ni con el paso del tiempo ni con la distancia. Y si no que se lo digan a los celtas que celebraban la víspera santa, la noche del 31 de octubre, disfrazándose de fantasmas para ahuyentar a los espíritus. Es la noche que algunas culturas conocen como la noche de las brujas y los americanos como Halloween.