Hoy es el día del Pilar, el día en el que los aragoneses celebramos el día
de Nuestra Señora del Pilar, esa Virgen que acompaña nuestro caminar diario y que ilumina nuestras esperanzas. Hoy vamos caminando todos, unos por las calles de Zaragoza y otros por el sentimiento a través de las calles del mundo, hacia su casa convertida en Basílica para los cuatro continentes. Y lo hacemos con nuestras limitaciones, con nuestros dolores y nuestras ilusiones. Niños, mayores, todos, vamos caminando hacia ese templo en el que nos encontramos y nos sentimos un pueblo unido, seguro, bendecido por Dios.
Hoy todos nos vestimos con nuestras mejores galas, unos de aragoneses de siempre y otros también de aragoneses de siempre, para explicar al mundo que esta Virgen es algo más que una imagen, que esta Virgen es nuestra razón, nuestra ilusión, nuestra compañera en este camino del día a día… María del Pilar, sobre esa Columna que nos guía día y noche –como dice la inscripción en bronce que está en la plaza- es el eje sobre el que hemos construido Aragón, sobre el que
construimos nuestro futuro, sobre el que nos construimos como personas abiertas al mundo, dispuestas a construir el mañana, empeñadas en mejorar el mundo.
Hoy, doce de octubre, fiesta de nuestra Madre, somos más aragoneses que nunca, más universales que nunca, más humanos que nunca. Hoy doce de octubre sabemos que esta tierra cuenta con la “Madona del Pilar”, como le gustaba decir a Machado, y que como decía Luis Buñuel “la Virgen del Pilar, patrona de España, es una de las dos más grandes vírgenes españolas. La otra, por supuesto es la de Guadalupe, que por cierto a mí me parece que es de una categoría muy inferior” a la del Pilar. Ya lo había escrito Goya cuando dijo aquello de que a él, en 1780, en su casa no necesitaba “muchos muebles, pues me parece que con una estampa de Nuestra Señora del Pilar, una mesa, cinco sillas, una sartén, una bota y un tiple y asador y candil todo lo demás es superfluo».
Hoy, doce de octubre, vamos a entregar las flores de esta tierra a nuestra Madre María del Pilar, y con ellas nuestra oración, nuestras peticiones, nuestras gratitudes, nuestro amor de hijos. Porque, como ya escribieron los hermanos Álvarez Quintero, sólo conseguirás saber lo que es el amor,
“ … cuando aprendas a rezar
como reza Zaragoza
a la Virgen del Pilar.”
Felicidades a las que lleváis el nombre de Nuestra Señora, felicidades a los que os sentís aragoneses, felicidades a todos los que estáis empeñados en construir el futuro desde la cercanía y sin ambición, felicidades a los que nos sentimos vinculados a esa Columna que –a través de los siglos- ha mantenido vivo el recuerdo de que María de Nazaret, años antes de su muerte, estuvo en carne mortal en esta ciudad de Zaragoza que se convertiría en la ciudad de María por excelencia. Y que esta felicidad que nos inunda nos lleve al espacio mágico y espiritual del Santo Templo del Pilar, porque como decía el Premio Nobel don Jacinto Benavente “El Pilar de Zaragoza es el símbolo de todos los ideales que son alma de un pueblo”. Por los siglos de los siglos. Amén.