Y además de ser respetuosos con la verdad y de no mentir, como están haciendo algunos concejales del equipo de gobierno municipal, el señor Gaspar no puede tener la desfachatez de decir que somos nosotros los culpables de que Zaragoza no tenga un estadio nuevo. Él y sus socios pararon el proyecto del Partido Popular con la anuencia del señor Iglesias, desde la DGA y contra la mayoría que gobernaba. Él y sus socios tiraron por la borda un buen proyecto y una buena ubicación. Él y sus socios socialistas son los únicos culpables de que hayamos llegado a esta situación. Por cierto, curiosamente sus socios en el programa electoral prometían sacar la Romareda de su ubicación y ellos mismos –Chunta– apostaban por reformar el viejo estadio.
Poca credibilidad tienen incumpliendo las promesas electorales, engañando a su electorado, pero tendrán menos con esta sospechosa operación urbanística en la que usaron mecanismos ilegales, no definieron las ganancias ni los precios de las cosas, ocultaron información… y nos despreciaron a la oposición cuando ejercíamos el mandato que nos dieron tantos miles de zaragozanos. No pueden defenderse, no tienen más remedio que asumir sus graves errores y fracasos. El señor Gaspar y el señor Belloch deberían replantearse sus modos de hacer política, porque este es el momento de retirar definitivamente el proyecto de construcción de su problemático estadio. Aunque sólo sea por higiene democrática y –como dicen en el callejón– por vergüenza torera. Cada día se lo recordaremos.