Oposición constructiva

Celebramos la Pascua y Rubalcaba hace la pascua

Hoy como es domingo de Pascua, una fecha clave para el mundo cristiano, es bueno que nos felicitemos todos una vez más; que nos demos la mano y que todos contribuyamos con ese gesto a hacer posible un mundo más libre, solidario y dichoso. Pero esta hermosa palabra, que recuerda el momento de celebrar la conquista de la libertad para los hebreos en cautiverio, que habla de la conquista de la libertad sobre la muerte para el creyente, es también un término que asume connotaciones negativas cuando hablamos de hacer la pascua, de perjudicar al prójimo, de ser negativos. Por eso, mientras celebramos los cristianos la Pascua que fija la resurrección de Cristo y nos deseamos felices pascuas todos los hombres de bien, hay otros que gozan siempre haciendo la pascua a sus convecinos, a sus compañeros, a sus paisanos. Y hoy, con ocasión de la celebración, quiero hablar de un personaje que se dedica fundamentalmente a hacer la pascua a todos los españoles, a engañarles, a ocultarles la verdad, a construir escenarios malditos en los que triunfa el mal y el odio irracional.

Quiero citar a Alfredo Pérez Rubalcaba sin anotar algunas de sus facetas curriculares, con las cuales se queda perfectamente perfilado un personaje que sólo ha empleado su fuerza en ejercer la maldad como principio y en insultar permanentemente a los que no piensan como él. Este antidemócrata ejemplar, digno discípulo de las dictaduras soviéticas, que fue el portavoz del gobierno socialista en tiempos de esa acción asesina tan gloriosa para los socialistas como fue el GAL, se ha permitido el lujo de decir que tendrá informada a la oposición aunque no se lo merezca. Yo sólo quiero decirle que deje de hacer la Pascua, que su trayectoria antidemocrática no le legitima para decidir nada, que él no es nadie para conceder la información que asegura un régimen democrático…

Es tiempo de desenmascarar a todas estas gentes que viven de amenazar, coaccionar y ocultar. Es tiempo de pensar que si tanto empeño tienen en ocultar es que tienen algo grave que ocultar. Pero, en todo caso, Pérez Rubalcaba demuestra –como ya lo hizo impune e indignamente en la noche del 13-M- que no le interesa lo más mínimo la democracia, que sólo vive para la agitación, que sólo ejerce la propaganda falaz y fascista aunque sea en víspera de elecciones, que no es un hombre de honor, integro y demócrata. Medite estas Pascuas en sus palabras llenas de sangre del GAL, en sus palabras manipulando los muertos de Atocha, en sus palabras perdonando la vida a los partidos demócratas, en sus palabras llenas de vileza, en sus palabras de dictador de pueblo bananero. Medite este personaje y luego apúntese a algún curso acelerado de democracia y libertad, que le hace falta para que podamos empezar simplemente a llamarle ciudadano. Cosa que hoy ningún demócrata puede hacer.