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LA MANO CORTADA, EN SAN ADRIAN DE SASABE

Aprovechando que hoy 27 de julio se recuerda en el santoral la memoria de santa Natalia, he recuperado una historia legendaria –entiendo que sin ningún fundamento- que circula por el mundo de los peregrinos jacobeos y que habla de la historia de santa Natalia y de su esposo el centurión romano, de la milicia imperial, que fue hecho prisionero por haber liberado a un grupo de 33 cautivos cristianos que lo convirtieron. Cuando trajeron a su esposa, para que él confesara dónde estaban escondidos los prisioneros cristianos, ésta le invitó a seguir dando testimonio de su cristianismo como ella. Y entonces los soldados le cortaron las manos y murió desangrado. La casi novelada relación de esta leyenda cuenta que la esposa, con una mano que logró esconder en su manto, huyó en un barco que se salvó de una terrible tormenta, cuando la mano de Adrián tomó el timón y llevó a los fugitivos a un sitio seguro. Por supuesto, salvados todos, la esposa restituyó la mano junto al cuerpo enterrado y murió abrazada a él. Esta es una historieta que cuentan en el camino y que explican que es la causa de que en la iglesia de san Adrián de Sasabe, haya dos motivos escultóricos en el ábside que quieran relacionarlos con este relato. El primero es una carita sonriente de ojos almendrados, que para García Omedes sería por el contrario recuerdo del abad Sancho de Larrosa, que cuando fue pendolista en la catedral de Huesca firmaba con una carita sonriente. Y junto a esa carita la cruz sostenida por una mano izquierda. Dos ménsulas curiosas pero que seguro que responden a otras claves que a las de la leyenda peregrina. Además otra carita de estas dulces y de ojos almendrados también hay en Loarre. En todo caso, con fotos de mi amigo García Omedes ustedes pueen disfrutar un rato y pensar lo que les de la gana, que eso es lo bueno de estas cosas. Máxime que hoy es santa Natalia, una santa que sabemos murió martirizada en Córdoba, allá por el año 852 de nuestra Era, gobernando el emir omeya Abd al-Rahman II.