La tarde de ayer vivimos la inauguración del nuevo Hotel Reina Petronila de Aragón, y en ese evento ciudadano quiero centrarme. Y lo quiero hacer porque en esa gala, de manera rotunda y permanente, nos sorprendió muy gratamente la actuación del Coro Infantil Amici Musicae, creado en el año 2002 bajo el benéfico paraguas del Auditorio de Zaragoza. Cuarenta y siete personas, si no conté mal, fueron trazando un hermoso recorrido por melodías que nos hablaban de otras tierras y que aportaban otras complicaciones, siempre bien resueltas por ese grupo de niños y niñas magníficamente dirigidas por Isabel Solano.
Desde la canción tradicional de un poblado africano hasta la jota final, pudimos disfrutar de esas voces trazando en el aire la secuencia de la película “La Bella y la Bestia”, recuperando la ternura de “Los niños del Coro”, dibujando la melancolía de la melodía hebrea, o disfrutando de las canciones de esta Navidad que ellos han abierto con elegancia, con técnica, con clase y con un trabajo bien acompasado y medido. Por ello, hay que felicitarles a ellos y a sus acompañantes en la educación musical: Isabel Solano, Javier García París y Vanesa García. Y no quiero concluir sin dejar constancia que el pianista también merece nuestro reconocimiento.
Pero, aprovechando que hablamos de esta magnifica actuación en un espacio que recibe el nombre de “Auditorio Condes de Barcelona” quiero señalar que, a mi personalmente, no me parece acertado el nombre puesto que en esta tierra tenemos –en el ámbito de la realeza- tantos títulos propios que no debemos potenciar aquellos que son muy respetables pero ajenos. Por ejemplo, quizás debería hacer un Auditorio Reyes de Aragón. Bueno, queda dicho esto a título meramente académico y sin dejar de valorar positivamente la sutil y callada sugerencia del Hotel en recordar que nuestros monarcas primero fueron Reyes de Aragón y luego, en segundo lugar, Condes de Barcelona. La cosa no pasa de ser un apunte histórico que nada tiene que ver con planteamientos políticos.