Día a día

Mosen Leminyana, en la atalaya de Roda de Isábena

Acaba de morir mosen Jesús Leminyana, un hombre que supo compaginar todos sus amores para atender las necesidades de una tierra profundamente aragonesa, plenamente acosada por los vecinos catalanes y necesitada de gentes que tiren de ella para sacarla de la atonía. Ha muerto a los 84 años de edad, dejando atrás más de tres décadas atendiendo a la salud espiritual de sus gentes, restaurando con sus manos los viejos edificios románicos, empeñando su inteligencia en lograr que volvieran sus parroquias a depender de un obispado aragonés… Ha muerto un verdadero señor de la Ribagorza, un hombre empeñado en la recuperación del ser humano histórico, identificado con esa Iglesia que él acercó a las calles y a las necesidades de sus gentes, dispuesto hasta perdonar a unos ladrones que le robaron la paz en esa noche de silencios, en 1979, que hirió de muerte la vieja silla de san Ramón.

Por eso, el mejor homenaje que le podemos hacer es mantener viva su memoria como ejemplo de lo que es un hombre identificado con su tierra, empeñado en mejorar la vida de sus gentes, dispuesto a gastar sus días allí en el escenario de inviernos duros y secos veranos. Iremos a Roda a recordarlo, iremos a Roda a cumplir con la gratitud que le debemos a este hombre de sonrisa franca y serena, de hablar pausado, de señorío medieval. Y seguro que lo sentiremos cerca cuando contemplemos ese sepulcro de San Ramón sobre el que proclamó su dimensión como sacerdote.