Ideas & Propuestas

El papel de los museos religiosos

La semana pasada pudimos asistir a una importante reunión, celebrada en Zaragoza, Huesca y Borja, auspiciada por la Real Academia de Nobles y Bellas Artes de San Luis de Zaragoza, en la que se han dado cita un importante conjunto de responsables de los museos europeos más importantes de estas materias, junto a algún consultor pontificio y algún responsable del mundo académico de países como Portugal.

De todo ello se informa en la página de Europae Thesauri, a la que remito para entrar en conocimiento de los pormenores del congreso. Pero, al margen de ello, quiero solamente traer a estas páginas la necesidad de plantearnos un debate muy serio sobre lo qué entendemos por Museo religioso y qué exposiciones deben de contar con esa denominación. Es conveniente que seamos rigurosos en este debate, puesto que no hacerlo lleva a permitir que algunas cosas se pasen por lo que no son y produzcan en los visitantes cierto sentido de fraude, sobre todo cuando uno hace muchos kilómetros de viaje esperando ver lo que le prometen y se encuentra solamente con una exposición en el mejor de los casos o con un almacén en el peor.

El apego a la verdad y la fidelidad a la realidad deben ser los primeros valores de un museo, que tiene como finalidad enseñar, educar y mostrar. Y si esto no fuera importante, no olvidemos que en este momento convulso de comienzos de una nueva era, los museos religiosos tienen la enorme importancia de ser custodios de las claves de nuestra cultura, de nuestra civilización, de nuestro mundo. Visitarlos es una aventura hacia nuestro interior, crearlos es un acto de generosidad con la humanidad, dignificarlos es una obligación de todos.

Y, mientras tanto, mediten sobre el valor museográfico de esta fotografía: