Día a día

Fernando Alvira

Fernando es un buen amigo, con el que he pasado ratos divertidos en las sesiones de la Real Academia viendo cómo hacía la caricatura de más de alguno de los académicos. Y, además, es un excelente pintor que, desde el año 2000, se volcó en trabajar esa secuencia del paisaje que se nos escapa en un abrir y cerrar de ojos; en trabajar la fugacidad de la visión que está tan acorde con este mundo enloquecido en el que el reloj ya es lento. Esos “paisajes variados”, en los que dicen los críticos que está ausente el detalle pero que la obra sigue siendo figurativa, son los que componen la exposición que inauguró en el Centro Cultural del Matadero el pasado viernes y que, hasta el 15 de marzo, van a permitirnos recrear la velocidad con la que vemos los paisajes.

No se la pueden perder, merece la pena y hay que acercarse a ella con tiempo, precisamente con ese tiempo cuya falta y cuya condición efímera denuncian estas pinturas que son una muestra más del quehacer de uno de nuestros grandes pintores del momento. Como dice Antón Castro, en la presentación de esta apuesta por la creación, “podríamos decir que Fernando Alvira pinta destellos, intuiciones y fuegos, la caliente calma del paisaje, la grama y la araña del sol, la destilación de las sangres del poniente y sus desmayos…”. Enhorabuena al autor y para abrir boca aquí van dos piezas sugerentes, en una de las cuales hasta podrán descubrir ese legendario Salto de Roldán que puebla la mitología de la llanura oscense. Ahora tenemos todos una cita en Huesca.