Día a día

Rafael de Miguel en la Real Academia de San Luis

Aragón tiene desde el año 1792 una institución, fundación del rey Carlos IV, que nació con la finalidad de promover y fomentar el estudio y cultivo de las Bellas Artes, destacando entre sus actividades la defensa, conservación y restauración de toda clase de monumentos y obras de arte situadas en el ámbito territorial de la Comunidad Autónoma de Aragón. Con la denominación de San Luis, nombre que le dio el rey de España en honor de su mujer Maria Luisa de Parma, engloba en la actualidad siete secciones en las que se distribuyen los 35 académicos numerarios y los quince delegados en las localidades aragonesas que ostentan históricamente el título de ciudad. Cada año, de acuerdo con la marcha de la nómina de los cincuenta académicos correspondientes, se van cubriendo huecos e ingresando aquellas personas que encierran en su trayectoria profesional los méritos necesarios para ser distinguidos con tal nombramiento. Y eso hemos hecho en la última sesión celebrada el pasado martes, proceder a aprobar –después de todos los filtros que estatutariamente deben pasar- a las personas que –a partir de este año- ocuparán las vacantes de Académico Correspondiente de esta Real Corporación. Y entre ellos hoy quisiera destacar a una de ellas, al Ilmo. Sr. don Rafael de Miguel González, doctor en urbanismo por la Universidad de la Sorbona y doctor en Geografía por la Universidad de Zaragoza.

Este zaragozano de treinta y ocho años, actualmente concejal popular del Ayuntamiento de Zaragoza, es uno de los especialistas en urbanismo contemporáneo español más reconocidos en el mundo de la investigación, e incluso diría de los más respetados como creador de conceptos urbanísticos que hoy aceptan todos los especialistas. Pueden informarse de él tecleando su nombre en un buscador, por eso no voy a hablar más de él, pero si quiero terminar mi reconocimiento y felicitación a este profesor aragonés recordando algo que siempre me ha llamado mucho la atención y que además siempre me ha parecido muy importante, máxime cuando vivimos tiempos en los que abundan los aprovechados y padecemos la lacra de los que negocian con el urbanismo para beneficio suyo. Tiene razón este joven doctor cuando dice que el urbanismo es sobretodo estética pero necesariamente también ética. Ética del buen gestor y estética del buen hacer, una combinación que infunde paz y tranquilidad.

Enhorabuena al señor De Miguel.