Un año más, gracias a Dios, volvemos a disfrutar del día que el calendario festivo zaragozano dedica a san Valero, obispo de Zaragoza en el siglo IV, según sabemos por una serie de documentos que nos hablan de su presencia en el primer concilio español o de su apoyo al diácono Vicente, martirizado en la ciudad de Valencia. Pero, además de estos documentos, la importancia de la figura del obispo ha provocado que –allí donde no está la historia- sea la leyenda quien cubra las lagunas. Una leyenda que incluso intenta explicar la razón por la que no fue martirizado en la persecución de Diocleciano, alegando que le salvó su tartamudez pues los romanos eximían de muerte a las personas que la padecían.
Hoy, muchos siglos después, su memoria seguirá viva en la Seo zaragozana, donde se conservan sus reliquias que trajeron del Pirineo los primeros reyes aragoneses y que el papa Benedicto XIII guardó en un hermoso relicario que hoy presidirá el altar mayor de la catedral real de Aragón. Por lo tanto, disfrutemos de la visita a la Seo, del roscón tradicional y, de paso, no dejemos de ver la magnifica escultura del santo que custodia la entrada principal al Ayuntamiento de Zaragoza, a la casa de todos los vecinos de esta ciudad.