Día a día

Angustiados por hacer

El trabajo compulsivo es propio de las máquinas que no tienen capacidad de razonar, por lo que es muy peligroso el caer en esa dinámica puesto que, a quién sucumbe, eso le aparta de la excelencia y lo coloca en la falsa alegría de exhibir la cantidad.

Marcial nos dejó, en sus Epigramas, una sagaz reflexión sobre esta angustia de los más inútiles por hacer y hacer sin pensar ni razonar, apuntando que –a lo peor– quién persigue a la gente exigiéndole trabajar es que está dominada por el virus de la vagancia.

Sobre el paisaje helado, desolado, sin capacidad de crear otra cosa que imagen, os coloco el epigrama LXVII del poeta bilbilitano que triunfó en Roma: