Me envía desde Jaca, mi respetado amigo Segundo Mesado, una magnifica foto de la Peña Oroel nevada y con ella me hace llegar sus mejores deseos para el año que comenzamos, con esa elegancia humana y esa bondad que siempre acompaña a este devoto y estudioso de nuestra santa Orosia.
Y, al hilo de este regalo de un buen amigo, vuelvo a hablar de este horizonte jacetano. No es la primera vez que hablo de esa especial atracción que siento por ese emblema del Viejo Reino, por esa mole que impresionó a Miguel de Unamuno y cautivó al recordado Juan Lacasa, por esa proa que preside la historia de esta ciudad de Jaca. Y, por eso, por ser para mi una de las imágenes más entrañables del paisaje de mi tierra junto con la montaña de Santa Orosia, quiero reseñarlo y agradecerle al amigo Mesado que haya tenido la amabilidad de hacerme el mejor regalo que podía hacerme: hacerme llegar esa imagen nevada de un paisaje en el que los verdes prados soñados se recostan al sol, mientras la roca de la peña custodia con cariño los pinos que la recubren.
Esa imagen ya preside mi biblioteca, porque esa imagen será la ventana abierta a la ilusión cuando agobie el trabajo o cunda el desánimo. Pero, como lo mejor es compartir las cosas hermosas como esta imagen, os quiero desear con ella lo mejor para este año que hemos comenzado y especialmente que Dios os devuelva con creces solamente el bien que hagáis. Y eso, en bien de la Humanidad.