Ya hemos llegado nuevamente a la noche de Navidad, a esa noche mágica en la que por encima de las chimeneas de mi tierra, las de Serrablo, Gistaín o Santa Cruz de la Serós, entre la nieve y el frío del invierno, nos contaban nuestros abuelos que caminaba la Sagrada Familia en busca de esa posada que esperaba ser el escenario del nacimiento de Jesús. Pero, al calor del hogar donde crepitan los leños del bosque con el musgo seco abrazado a su tronco, los ojos de los niños ya no escenifican la puerta del asombro ante estas tradiciones que se pierden en la noche de la historia. La televisión ha roto ese espacio de la sorpresa y pocos van manteniendo la vieja costumbre de contar historias. La prisa del mundo moderno ha roto los segundos eternos con los hijos sentados en nuestras rodillas, convencidos de que estaban oyendo las pisadas de san José en las losas del tejado.
La realidad es otra y sin embargo tampoco ha cambiado tanto la noche, afuera sigue nevando y hace frío, las chimeneas escupen el humo que se recorta camino del cielo. La realidad es otra pero los protagonistas siguen siendo hombres y mujeres que necesitan la ilusión, el ensueño, el misterio que abre las puertas del asombro. Por eso, porque la realidad es la misma, conviene que mantengamos ese espíritu dispuesto a asombrarse, a ser feliz, a querer llenarse de futuro… Y todo ello con un solo fin: aprender a ser felices con lo que tenemos, con lo que la vida nos ha dado, con lo que tenemos en las manos abiertas y generosas.
Porque, en esta noche, allá en el Pirineo aprendimos de pequeños, generación tras generación, que lo único que es nuestro, lo único que tenemos es aquello que compartimos. Que la noche os ilumine y que la felicidad inunde, especialmente, aquellos hogares en los que corre peligro de apagarse la esperanza. Hoy es un buena noche para abrir las manos y pedir esperanza para todos, esa esperanza que nos trae a la memoria el belén que recibía al Niño en la nochebuena, el vino quemado con los orejones y las naranjas, el turrón de toda la vida… Las risas y las sonrisas, las ganas de vivir.

Imagen de Guillermo Lobera Temes