Estas tardes de las fiestas del Pilar he aprovechado para acercarme a ver alguna exposición, de las muchas que las instituciones han hecho con ocasión de los centenarios y bicentenarios que celebramos. Por esa razón, la otra tarde me acerqué al Centro de Historia de Zaragoza, en el antiguo convento de San Agustín, para pasearme por las varias exposiciones que allí se exponen. Estuve en la cripta viendo las terribles fotos que nos hablan del bárbaro enfrentamiento de españoles que supuso la Guerra Civil, pude ver la crisálida de Fortín, y además me entretuve mucho en dos espacios sugerentes: la historia de la comparsa de Cabezudos de Zaragoza y la explicación de cómo era la Zaragoza de los Sitios.
Esa Zaragoza de los Sitios, resultado del trabajo científico del doctor Rincón García, un zaragozano que ha triunfado desde su trabajo en el Consejo Superior de Investigaciones Científicas, y de la coordinación de María Uriol, es un paseo por las imágenes que nos quedan –grabados, mapas, retratos…- de esa Zaragoza que vivió los terribles ataques franceses de 1808 y 1809. Hay que ir con tiempo, dispuesto a gozar con cada pieza, a buscar nuestras calles en cada plano, dispuesto a convertirse en un espectador comprometido con la ciudad confiada –la que no esperaba la guerra-, con la ciudad sitiada –la que sobrevive a duras penas- y con la obligada calma que sucede a la rendición de los zaragozanos y a la expulsión de los franceses…
Estas son las tres claves para recorrerla. Mañana y tarde pueden acercarse a este viejo reducto de la ciudad antigua, porque les aseguro que merece la pena. Y, además, disfrutarán con las maquetas de los Sitios que los franceses pusieron a la ciudad del Ebro. Y para que vean alguna de sus salas, aquí les pongo la reproducción de la Puerta de Carmen que está bien escoltada por soldados de época, entre los que me parece adivinar –aunque no lo tengo claro- a Luis Sorando, mi antiguo alumno y actual especialista de historia militar. No sería extraño, en todo caso, felicitar a estos zaragozanos que nos recuperan la imagen de aquellos héroes de 1808 y 1809.