Es bueno que el recinto de Ranillas, sede abierta al mundo de la Exposición del 2008, acoja muestras y testimonios de lo que es y ha sido la cultura aragonesa. Pero es mucho mejor que, además, lo haga montando una gran Fiesta Mayor de Aragón, justo en el día 15 de agosto, día de la Virgen, cuando son cientos los pueblos de nuestra tierra que celebran sus fiestas mayores. Por ello, debemos dejar constancia con agradecimiento a los autores de la idea y –muy especialmente- a las casi mil personas que han hecho posible que estén presentes en las calles de la Expo 32 estandartes, unos cien cabezudos, ochenta gigantes, decenas de danzantes, algunos castellets, los diables correfuegos, los cipotegatos y el dragón de Alcañiz que se comenzó a representar –siendo yo Director General de Cultura y Patrimonio del Gobierno de Aragón- según la idea del académico y periodista Darío Vidal.
Fue estupendo el ver desfilar a todo este conjunto de presencias festivas de casi treinta localidades aragonesas (Alcañiz, Alcorisa, La Almunia, Andorra, Eyerbe, Barbastro, Binéfar, Borja, Belchite, Bujaraloz, Calatayud, Castelserás, Cetina, Épila, Fraga, Gallur, Graus, Laspuña, Monzón, La Portellada, Sariñena, Tarazona, Tauste, Villamayor y Zaragoza) y además verlo desfilar con el típico cierzo de esta tierra luchando contra los gigantes de cartón, todo ello viendo cómo bailaban y evolucionaban al son amable y secular de las melodías tradicionales que interpretaban con maestría los músicos de la Banda de Épila. Y no faltó la nota amable y anecdótica, que la cuenta un periodista de “El Periódico de Aragón”, cuando nos dice que una de las asistentes –después de ver desfilar a los gigantes- afirmaba muy seria que “no sabíamos lo que hacían, pero nos está gustando mucho”.