Ya he hablado alguna vez de este notable artista que nos dejó en silencio, como a él le gustaba pasar por la vida, y haciendo gala de esa enorme capacidad de sorprendernos que siempre tenía. Nos sorprendió su muerte y lo echamos de menos. Y hoy, sábado y primer día del mes de diciembre, hemos asistido en Alagón a la puesta en marcha de un bonito proyecto que lleva su nombre, que alberga parte de su obra y que custodia la documentación epistolar que mantenía con grandes figuras del mundo cultural, con premios Nóbel, con artistas, con creadores…
Es de agradecer que estas cosas puedan ser, se puedan producir, y así se lo he manifestado al alcalde Becerril que lo ha hecho realidad. Es de agradecer que, sea cual sea el motivo del recuerdo a Antonio, podamos estrechar la mano de su mujer, de Josefa, de esa persona admirable que hizo posible el universo de Antonio y que –desde su condición de mujer culta y activa– lleva construyendo una hermosa colección de imágenes y estampas marianas que deben acabar convertidas en un Museo o en una Sala Mariana que permita dejar constancia de ese mundo entrañable y querido.
Ese debe ser el compromiso de todos los que admiramos al gran pintor y afamado escritor Antonio Fernández Molina.