Hace exactamente un mes os dedicaba a todos un feliz día del Pilar y hoy, después de un intenso periodo, retomo la práctica de escribir para recuperar ese intercambio de ideas que tiene como finalidad repensar Zaragoza como una ciudad con futuro, llena de personas y diseñada para hacer más fácil la vida. Y vuelvo a este espacio de encuentro con la tristeza de haber tenido que generar páginas en nuestra web, muy críticas, en las que demostraba que en la política municipal hay una falta de compromiso serio y real con Zaragoza.
Puedo poner como ejemplo cuatro cuestiones claves, en las cuales todos podemos comprender que algo está fallando, que el equipo del alcalde Belloch sigue sin tener una idea de ciudad, que se prefiere por parte de los responsables municipales políticas de escenario antes que apostar por garantizar el mejor funcionamiento de la ciudad.
Hay una falta de compromiso con el desarrollo de las comunicaciones, engañándonos con una segunda estación del AVE, que no están dispuestos a hacer y que sería clave para los zaragozanos. Volvemos a detectar esa falta de compromiso con el desarrollo urbano de nuevas centralidades, pretendiendo hacernos creer que se hará un nuevo estadio de fútbol, después de construir un anillo comercial –muy jugoso para algunos particulares, pero no para el común– en el actual campo de la Romareda. Y, hablando de todas las obras que acompañan a la Expo, siempre tenemos que lamentar que ese modo de actuar es una falta de compromiso con el desarrollo de los equipamientos de la ciudad, cuando la falta de compromiso económico del Estado con Zaragoza nos ha llevado a inversiones cuantiosas que no sabemos cómo y cuándo pagaremos.
Y, como cuarto asunto, para poner una nota de humor negro, no podemos dejar de recordar cómo el señor Biel –que se pasó la campaña electoral anunciando que la salvación de Zaragoza era echar al señor Belloch– ahora vive un emotivo idilio con el alcalde, que pone a los vecinos de esta ciudad al borde del expolio. Porque, en realidad, es un expolio querer quitarnos equipamientos de todos para hacer una Ciudad de la Justicia, que solamente debe pagar el Gobierno de Aragón, y es un expolio plantear que es mejor apuesta económica –también para algunos, pero no para la ciudad– levantar pisos en el Campus que mantener allí facultades de la Universidad de Zaragoza. Pero, gracias a Dios, estos expolios no se podrán hacer porque el alcalde no tiene los votos suficientes ni puede evitar –aunque él no lo sepa– que la Universidad goce de un estatus de libertad desde hace muchos siglos que ni él ni sus amigos pueden violentar gratuitamente.
De todo esto hemos hablado sin parar y de todo esto seguiremos hablando, porque no vamos a permitir que esta ciudad pierda ni sus claves de futuro ni su patrimonio. Y, mientras tanto, la vida sigue, razón por la cual vamos a preocuparnos de cosas claves: de las necesidades de muchos colectivos de mayores que no reciben asistencia, de la conveniencia de construir escuelas infantiles, de la urgencia de solucionar problemas de movilidad… En realidad, de aquello que mejora la vida a los vecinos de Zaragoza, En esta tarea comenzamos una nueva época, apasionante y necesaria.