Oposición constructiva

El PAR o el drama de los partidos sin credibilidad

A mí me parece trágico que haya partidos que, sólo un mes después de las elecciones, digan lo contrario de lo que defendieron en campaña y defiendan aquello que criticaron sin piedad por todos los rincones de la ciudad. Es cierto que los responsables de los partidos pueden cambiar de opinión, pero sólo será en dos casos: por carecer de modelo político o bien por sentirse auténticas agencias de colocación para sus mandos y militantes poderosos.

Sin embargo, este derecho no les exime de que su actuación sea una brutal falta de respeto hacia sus votantes, hacia todos los ciudadanos. Supongo que los zaragozanos que les votaron depositaron su confianza en ellos pensando que, una vez pasadas las elecciones, los candidatos del PAR defenderían lo que habían dicho y trabajarían por aquellas propuestas que estaban avalando con sus votos. Pero la vida, a veces, está en manos de personajes a los que no les importa no cumplir con sus promesas, que no tienen palabra, que no saben lo que es un compromiso serio. Y esos son los que siembran de dudas los sistemas democráticos, puesto que defender lo contrario a lo prometido por estar en el poder es mucho más propio de los regímenes totalitarios que de otra cosa. ¿Qué credibilidad les queda a los dirigentes del Partido Aragonés cuando se jactan públicamente de que sólo van a cumplir el 8 % de su programa electoral? Sólo se me ocurre una respuesta en forma de eslogan para la próxima campaña del PAR: “Cumplimos… muy poco, pero algo cumpliremos”.

Mientras tanto, mientras haya políticos que no quieren defender la dignidad de los políticos, yo seguiré midiendo los raíles del tranvía de Belloch (ahora también de Blasco y de Biel) con un metro que me regalaron algunos militantes del PAR al mismo tiempo que bramaban contra el proyecto de tranvía y apostaban por una red de metro con siete líneas. Ahora sólo me queda esperar el momento en que haya que medir la Romareda…