Celebradas las elecciones de mayo, ya sabemos cuál es el mapa en el que tendremos que movernos los próximos años. Para nosotros es un mapa que nos permite pasar a tener más influencia en la vida política de la ciudad de Zaragoza; hemos subido un concejal y, con ello, hemos empezado a recuperarnos de las últimas elecciones –las del año 2003– en las que perdimos la alcaldía y cuatro concejales.
Pero, además de subir un concejal, hemos logrado crecer en todos los distritos y barrios a excepción de Torrero, en el que hemos bajado en porcentaje de voto. La subida en los distritos nos permite recuperar –y esta es la clave de parte de nuestra alegría– mayorías absolutas en los gobiernos de varios distritos de la ciudad, distritos en los que también habíamos bajado en el año 2003. Centro (tenemos 7 de diez vocales), Casablanca (6 de 10), y Universidad (6 de 10), son distritos en los que tenemos de manera sobrada la mayoría y que su gobierno pasa por el Partido Popular. Además, Casco Histórico (5 de 10), y Miralbueno (5 de 10), son distritos en los que tenemos el cincuenta por ciento de los vocales. En los barrios rurales hemos crecido tres puntos y hemos ganado en lugares como Juslibol, Venta del Olivar, Movera, etc., creciendo esperanzadamente en viejos feudos socialistas.
Este es el resultado de unas elecciones en las que –como es lógico– hubiéramos querido ganar la alcaldía, en las que hubiéramos querido tener más votos que el Partido Socialista, en las que no hemos sacado lo que queríamos sacar… Pero no podemos hablar de un fracaso absoluto, como algunos quieren hacer creer, haciendo lecturas llenas de subjetividad y de intencionalidad. Al final hemos subido un concejal y hemos sacado el máximo que nos daban las encuestas publicadas por los medios de comunicación -12 concejales- y que era el techo al que –decían– íbamos a llegar. Esta cuestión nos debe llenar de cierta satisfacción y nos indica que estamos en el camino correcto de hacer política cerca del ciudadano. Y, de manera rotunda, nos obliga a seguir con la línea de trabajo que hemos llevado en los dos años en los que yo he tenido la responsabilidad del Grupo Municipal, esa línea de trabajo en los distritos y barrios de la ciudad, de cercanía, de preocupación por las personas. Un trabajo cerca del ciudadano, atendiendo a sus necesidades, buscando soluciones para sus aspiraciones, defendiendo sus intereses.
Por eso, aunque estamos tristes por no ganar las elecciones, estamos contentos por la importante subida que hemos tenido, por la rotunda victoria en varios distritos que hemos recuperado, por ese concejal que hemos crecido… Y estamos contentos porque ya sabemos cuál es el camino para salir de la catástrofe del 2003 y porque todos los militantes siguen trabajando a pleno rendimiento. Yo puedo seguir ofreciendo mi trabajo y mi dedicación, mi trabajo a pie de calle y mi dedicación total; y –como me decía una compañera– mi paciencia para no hacer caso a todos aquellos –de los pocos y contados– que han decidido convertir este momento en el linchamiento inquisitorial de mi persona. Ya decía Lanzuela que eso iba implícito en el sueldo pero, para los que deciden hacerlo trastocando la realidad y ocultando los hechos, habrá que recordar que no les va en el sueldo, que les va en su conciencia y en su responsabilidad personal. Nosotros seguiremos trabajando y, al final, la realidad pondrá a cada uno en su sitio.