Día a día

Recuperando la normalidad

pegasusMe escribe mi amiga Inmaculada Couto, la activa vecina de San José, sorprendida por el tiempo que llevo sin escribir nada en el blog. Y tiene razón. Llevo prácticamente dos semanas sin darle al teclado para compartir con todos vosotros ideas, sensaciones, opiniones y experiencias; pero, os lo aseguro, esa ausencia se debe a la complejidad de tareas y de papeles que hay que hacer en los momentos de cambio de Corporación. Incluso, os confesaré que, especialmente, a la pesada y agobiante tarea de tirar unos papeles y de ordenar otros, esos escritos que es increíble como se han multiplicado en escasos dos años.

Pero al final, con paciencia y constancia, las cosas cotidianas acaban hechas y podemos recuperar las cosas que más nos apasionan, cosas como esta bitácora en la que puedo disfrutar de esa maravillosa posibilidad de compartir casi un diario íntimo, como decía el estudiante Justin Hall cuando inició esta aventura sin fronteras en 1994. Vuelvo a escribir en estas páginas sobre el mundo que nos rodea, vuelvo a escribir en estas páginas convencido profundamente, como dice Enrique Dans, que “la verdadera unidad de análisis no es el blog, sino la conversación”.

En estos dieciocho meses, en los que he mantenido activo este espacio, he aprendido muchas cosas, cosas que me han servido para mi actividad política, para mi vida, para ordenar mi visión del mundo. He aprendido que mi blog no es algo aislado, que no es sólo los ratos que cada noche dedico a escribir en él. He aprendido que también son las personas que lo leen, las que lo leen sin comentar y las que lo comentan y, por supuesto, los que lo hacen referente desde otros blogs,… que mi blog también son los momentos íntimos de los que lo leen y de los que contribuyen a construirlo. Enrique habla de un ecosistema de información cuando se refiere a que nuestra conversación, la que iniciamos en nuestro blog, acaba continuando en cualquier lugar del universo.

Estamos inmersos en un proceso apasionante de universalización del pensamiento y de la vida personal, un proceso del cual no debemos desconectarnos pues eso significa la muerte en esa sociedad del Conocimiento que –segundo a segundo- vamos dejando atrás. Ciertamente, hay que recuperar este espacio personal, tan íntimo como universal, tan vanguardista como envejecido.

Ese es mi empeño, así que -concluidas las tareas propias de la limpieza- vuelvo a asomarme a esta ventana que va camino de cumplir los dos años.