Hace tan sólo unas horas, he asistido en el Teatro Principal de Zaragoza a un espectáculo ciertamente magnífico, genial, divertido y, sobre todo, inteligente. Cuando vivimos tiempos en los que –demasiadas veces– la inteligencia parece estar fuera del mundo de la creación, reconforta el poder estar tres horas asistiendo a una actuación ocurrente, de mucha calidad y muy profesional. Una actuación de esas ante las que hay que descubrirse y no de esas ante las que hay que bajar la vista avergonzado por lo malas y pretenciosas que son, a pesar que los protagonistas se crean el norte del mundo.
Claro está que es un problema de inteligencia y de genialidad, de tener o no tener chispa, de ser gracioso y de no ser grosero. En suma, es un problema de calidad y lo bueno se nota, lo excelente atrae y permanece en la memoria. Por eso, desde la excelencia de su trabajo y de su buen hacer, con todas las menciones a todo lo que se le ocurre, con las criticas a quien le parece, que eso también es parte de la Libertad que debe inspirar la creación, Moncho Borrajo es una de esas personas que te reconcilia con el mundo del espectáculo, que te pasea por la risa para llevarte a la sonrisa y acabar conmoviendo el corazón con esa invitación a ser generoso con los demás, a ser buen amigo de tus amigos, a cuidar la familia, a apreciar la belleza de las palabras formando cercanías y caricias, a ser humano por los cuatro costados.
No hace falta decir más ni menos. Han sido tres horas inolvidables y sobre el escenario ha quedado el eco de la elegancia, la genialidad y la ternura de un gallego que se llama Moncho Borrajo y que es, ante todo, una persona tan inteligente como singular… Como dice él, una persona que cierra un capítulo de su vida y que sólo quiere que le recordemos con una sonrisa cuando el mundo parezca que se nos hunde a los pies. Sólo se considera pagado si entonces logramos elevarnos sobre los momentos más tristes en busca de la paz que da una sonrisa. Ciertamente, Moncho Borrajo es una persona singular, una persona excepcional, una persona a recordar con admiración.
Por cierto, este español genial ha tenido palabras de reconocimiento para todo el personal del Teatro Principal, por su dedicación y su trabajo. Y si estas palabras me parecen justas, igualmente ha sido oportuno el concluir con una canción en la que ha invitado a venir a Zaragoza en la Expo.