Hoy hemos estado muchos miles de españoles en Madrid, convocados por el Foro de Ermua, para testimoniar en la calle que la sociedad de este país está viva, que el gobierno socialista no ha logrado matar su lucha por la libertad y que los asesinos terroristas no pueden ya acallar la voz del pueblo español que pide justicia. Como dijo Mikel Buesa, lo importante fue «restablecer aquí la unidad de todos los españoles contra el terrorismo, esa unidad en la que se encarnó el espíritu de Ermua, que dio lugar al Pacto por las Libertades y contra el Terrorismo y que puso a ETA en el borde de la derrota».
La gran mayoría hemos recorrido mucho trecho, algunos desde los lugares más recónditos de la geografía española, para andar las calles de Madrid y oír la palabra de los que saben lo que es el terrorismo, de los que no pueden entender como los asesinos se convierten en héroes buscando la paz, buscando su salida personal sobre la sangre de los asesinados.
Y, al final, antes de que sonara el Himno nacional, Mikel Buesa ha dicho algunas cosas que merecen ser recordadas durante muchos días, que hay que mantenerlas vivas porque en esas palabras reside la mejor apuesta por la verdadera paz, por la paz que da entregar los asesinos a la justicia.
Ahora quiero destacar una, proponerla para ser pensada y repetida, como la hemos repetido los hombres y mujeres de Zaragoza, mientras volvíamos en nuestros autobuses, con la emoción de sabernos parte de una gran nación, de un pueblo que no tiene miedo a proclamar que quiere ser libre, vivir en paz. El actual presidente del Gobierno nos la debiera contestar, y es:
«¿Por qué este presidente ha tenido que ser el primero que se ha negado a liderar la resistencia de la sociedad civil frente al terrorismo?»