Un compañero de la blogosfera me indica, comentando mi post de felicitación del nuevo año, que espera los comentarios sobre la triste noticia del atentado del sábado y me da las gracias por estar el otro día en la Plaza del Pilar. Le quiero decir a Fernando que no hace falta que me de las gracias porque él, yo y todos los que estábamos allí pensábamos en testimoniar nuestro apoyo a las familias que han sufrido en su seno el desgarro terrorista. Que nuestra presencia era un acto de apoyo total, un alinearse con ellos, con los que saben que este drama afecta a todos los partidos constitucionales, y que sólo se puede construir desde la falta de democracia de los terroristas etarras. Un momento, por cierto, en el que no estuvo ningún concejal socialista ni de Chunta, aunque sí había entre el público algunos ciudadanos militantes socialistas, cosa que hay que decirla porque es verdad y porque ellos son los que tienen más derecho a hacer la valoración de la lamentable ausencia del alcalde Belloch y sus concejales.
Tampoco se puede decir mucho más, salvo que me produce una gran tristeza ver cómo el presidente del Gobierno de España se deja engañar por unos terroristas y no tiene la dignidad y la responsabilidad para reconocerlo y dejar ya de colocar a la sociedad española a los pies de una banda armada que está fuera de la ley, que está perseguida por la Justicia, que es culpable de atentar contra los hombres y mujeres de España. Por eso, hoy quiero traer a estas páginas dos textos de Mikel Buesa que me parecen un buen punto de partida para reflexionar sobre lo que está pasando.
MiKel ha sido muy contundente en los últimos meses defendiendo la necesidad de potenciar los valores constitucionales de la Libertad, la Igualdad y la Justicia, y denunciando la urgencia de considerar que se “debería introducir en el ordenamiento jurídico el principio de que los crímenes terroristas han de ser considerados imprescriptibles y sujetos a jurisdicción universal; y no tratar de acortar los plazos de prescripción de tales delitos, y menos aún ser condescendiente con quienes los cometen”.
La primera idea la defendió en su intervención en Cádiz, el 4 de noviembre de 2006, dentro de un importante acto en defensa de la Unidad de España, donde dijo que hoy “en España hay un grupo de ciudadanos que ven peligrar la justicia como consecuencia de las negociaciones que el Gobierno ha establecido con ETA”.
El segundo texto es un artículo, publicado en ABC el 3 de enero último, en el que con el título “Contra la impunidad” reitera su criterio de que es necesario que los terroristas cumplan todas las condenas, además de incorporar algunos pronunciamientos internacionales contra el terrorismo, como el que hizo en abril del 2006 el Secretario General de Naciones Unidas al decir que “los actos terroristas son una violación del derecho a la vida, la libertad, la seguridad, el bienestar y el derecho a vivir sin temor”.
Y no está de más recordar que la organización internacional Reporteros sin Fronteras, en mayo del 2001, hizo un llamamiento desde la sede del Parlamento Europeo en Bruselas a la opinión pública europea “para que tome conciencia del problema de falta de libertad que se vive en el País Vasco por culpa de la banda terrorista ETA”.
No es necesario decir más, ahora sólo queda desear que el presidente Rodríguez Zapatero esté a la altura de las circunstancias y decida romper las negociaciones que está llevando con unos asesinos que quieren imponer su ley y sus intereses personales sobre los demás, sobre una nación que ha sufrido, padecido y soportado su ira, su irracionalidad y su falta de ética.