En esta Zaragoza en la que el alcalde Belloch y sus delegados urbanísticos no se preocupan de los árboles de la ciudad, a los que al final permiten que los derriben golpeándolos con palas excavadoras, viene bien aportar imágenes llenas de ese encanto de la naturaleza, de ese sentido de la vida que aportan los árboles, de esa belleza que marcan las hojas que se mecen al viento del otoño.
Por eso, he elegido un óleo de un buen pintor, de un gran artista del paisaje, del jacetano Enrique Pérez Tudela que tiene una hermosa web en la que podemos bucear por el encanto de esos paisajes que vibran en una estética casi oriental.
Esta noche os aporto esta imagen del camino en la tarde, de ese final del día en el que el paisaje se recoge en la niebla del invierno como si quisiera acunarnos los recuerdos y los sueños.
Y, gracias a Dios, estos árboles no saben los ayudantes leñadores del alcalde leñador donde están. Y no se lo vamos a decir…