Día a día

Comienza noviembre…

Estamos ya en el mes de noviembre, el mes que comienza a hablarnos de la Navidad y el mes que desempolva las estufas y las calefacciones. Estamos ya en el mes que hace las primeras pruebas de las tardes invernales y de las amanecidas con escarcha. Noviembre se nos ha echado encima, casi sin que hubiéramos tenido tiempo de quitarnos los ecos de las fiestas pilaristas, para abrirnos un nuevo tiempo en el que el calendario religioso nos habla de los difuntos, de los santos, de las almas, de los recuerdos, de los que fueron…

Por eso, ahora que estamos iniciando la andadura del mes de noviembre, debemos hacer propósito de apostar por el recuerdo, por la capacidad de recordar que es el mejor camino de hacer presente algo que no está. Recordamos a nuestros seres queridos, a esas personas que echamos en falta en los momentos más difíciles y en los espacios más felices, a los amigos, a los que se cruzaron en nuestra vida dejando estelas de afectos y cercanías.

Noviembre es un mes de recuerdos y por eso es un mes de vida, de esperanza, de futuro, de decirle al mundo que las personas que recordamos viven en nosotros. Por eso, cerrar los ojos, y pensar en los que han contribuido a construir vuestro mundo, Y recordándolos hacerlos vivir. Ese es el mejor homenaje a los que se fueron, a los que -aunque no lo sepamos- siguen viviendo en nosotros. Y seguro que en ese momento vuestra cara se ilumina con la sonrisa de sabernos seres queridos.

Pero también Noviembre es ese mes que se hace estela de niebla en los viejos caminos del bosque, en ese camino de san Saturio que cautivaba a Machado, en ese camino hacia el solitario cementerio de Roda de Isábena desde el que se percibe que el cielo está más cerca y que la tierra es hermosa.

La tarde ha caído y yo ya tengo el alma llena de vida, de amores y de palabras hermosas, de recuerdos. Y también de esa mirada tierna y profunda con la que mi padre me saludaba al llegar a casa. Hoy también tengo motivos para ser feliz, recordando a los míos.