Si antes hablaba de un cementerio inglés, ahora lo tengo que hacer, cerrando esta madrugada del 1 de noviembre, del cementerio de Torrero y de todo lo que significa este extenso Palacio de la Memoria que fue bendecido el domingo 15 de junio de 1834 por el Arzobispo don Bernardo Francés Caballero, e inaugurado con el entierro de doña Manuela Moreno Abendaña a la que, años después en 1895, se le concedería el gozar de un nicho a perpetuidad por tal motivo, aunque eso de perpetuidad suena a engaño máxime cuando los protagonistas ya no lo pueden ver -al menos- con los ojos mortales. Este espacio, que primero fue propiedad de las parroquias y luego del municipio, es un entorno que necesitaba protección como espacio monumental y además la mejor protección, esa que deriva del estudio científico y documentado de sus elementos más notables.
Doña Isabel Oliván Jarque, doctora en Historia del Arte por la Universidad de Zaragoza y Jefe de la Sección de Patrimonio Histórico Artístico del Excmo. Ayuntamiento, que está realizando el importante
y documentado Catálogo Monumental de la Ciudad y del Cementerio de Zaragoza, ha escrito una útil guía «Rutas del Cementerio de Torrero. Ruta de Arte funerario» con los 25 enclaves más notables a visitar en un recorrido selecto, y un pequeño librito titulado “Cementerio de Torrero. Ruta del Arte Funerario”, editado por la Gerencia de Urbanismo del Ayuntamiento de Zaragoza dentro de esa apuesta por salvar y proteger el recinto del Cementerio de Torrero, loable e importante tarea inspirada por el Consejero don Carlos Pérez y gestionada en el día a día por personas como el Gerente y el Vicegerente don José Abadía. En sus sesenta páginas la doctora Oliván nos habla de la historia del camposanto zaragozano, de sus ampliaciones y autores, a la vez que nos va descubriendo algunas de las peculiares apuestas por el Arte que conservan las calles de este cementerio de Torrero. Sus calles, lo que se denominan
andadores, nos abren los caminos en los que se han ido construyendo panteones, sepulturas, mausoleos y nichos, desde el proyecto de Yarza y Gironza hasta el de Elvira Diego en 1990, pasando por la ampliación de Segundo Díaz en 1875, o la gran reforma de Magdalena en 1883. Todo ello sin dejar en el olvido a arquitectos como Carquén en 1958, José Beltrán en 1970, o Sáenz de Cenzano que en 1979 hace el Complejo funerario. Yo les recomiendo visitarlo con tranquilidad, sin prisas, en busca de esa escultura o de
ese relieve que nos habla de la apuesta de gentes del ayer por la belleza más allá de la muerte, de esas inscripciones que siguen testimoniando historias
de amor y de dolores inmensos. El Cementerio de Torrero también es la memoria de la ciudad y por eso mismo debe gozar de nuestra atención. Una atención en la parte artística e histórica, a la que nos hemos referido, y una atención en lo concerniente a la recuperación de la Memoria de los que murieron por la intransigencia y la barbarie, que se puede seguir en una atractiva guía escrita por el doctor Casanova, catedrático de nuestra Universidad, titulada «El Cementerio de Torrero, un lugar de memoria (1936-2010). Rutas del Cementerio de Torrero», y en la que recoge información sobre los lugares en los que yacen personas asesinadas durante la Guerra Civil y un recorrido a través de seis lugares distintos que evocan el tiempo de olvido y recuerdo transcurrido desde julio de 1936 a noviembre de 2010. Toda una apuesta de turismo de excelencia en este fin de semana, para lo cual pueden bajarse las guías con los recorridos pinchando en los puntos azules que les he propuesto en este mismo texto.