Día a día

LA DAMA DEL RIO, CAMINO DE CAMELOT

Me pregunta mi buen exalumno Gabriel Calés por las pinturas que ponen imagen a este vídeo en el que se interpreta una canción de la gran María Dolores Pradera y sobre su adscripción estilística. En ellas hay una profunda presencia de unos pintores que conocemos como prerrafaelistas, una Hermandad de pintores, poetas y críticos, fundada en el Londres de mediados de siglo XIX, concretamente en 1848. Pues bien, en este vídeo podemos ver algunas obras de uno de ellos, del famoso y ácido pintor John William Waterhouse, que moriría en 1917 y que sería el último representante de este movimiento apasionante. Con su pasión por evocar la historia, con su dominio del color, fue construyendo piezas muy notables y en especial esa “La Dama de Shalott”, pintada en 1888 y que es una pieza que contemplé en la Tate Gallery de Londres asombrándome de que no era tan pequeña como pensé al estudiarla en los manuales al uso. Pero no es la única de este autor, pues también se usa la conocida como “Windflowers”, de 1903. Pero hoy, aprovechando esta pregunta quiero traer aquí este cuadro que se inspiró en un poema de Alfred Tennyson, de 1842, que no es más que un poema del ciclo de la leyenda medieval del rey Arturo. El poema nos va explicando como Elaine, que ese es el nombre de la dama, huye de una torre donde prisionera se dedicaba a tejer el hermoso tapiz que lleva en la barca. La maldición que le acompañaba es que no podía asomarse a la ventana a ver el río, pero un día pasó sir Lancelot y al oirlo corrió a la ventana y se le rompió el espejo de la maldición, que se lo habían dado para ver el exterior del castillo ya que sólo podía verlo reflejado en él. Maldecida por romper la condición de no ver el exterior más que a través del espejo, salió de la torre y en una barca y marchó a la deriva hacia Camelot y hacia su muerte.
El agua está lleno de hojas que representan el otoño y la mujer que ha caído a la atracción del caballero, siempre dentro de la sexualidad victoriana tan complicada. La cadena que sostiene con la mano es el miedo que le atenaza y es el camino de su liberación, que hace ella misma con su propia mano. Y sobre el bote el tejido que ha estado haciendo durante su cautiverio. En él ha bordado las escenas que veía a través del espejo cuando miraba el exterior mientras estuvo encarcelada.
«Y en la oscura extensión río abajo
-como un audaz vidente en trance,
contemplando su infortunio-
con turbado semblante
miró hacia Camelot.
Y al final del día
la amarra soltó, dejándose llevar;
la corriente lejos arrastró
a la Dama de Shalott.»