Día a día

«LA SUBIDICA DE LA TRINIDAD»

Me pregunta un amigo de Face book, Carlos Javier Pimpinela, sobre la presencia en la ciudad de Zaragoza de los Trinitarios Calzados y, en especial, sobre su presencia en el escenario de la Guerra de la Independencia. Y raudo y veloz, me dispongo a compartir con él y con todos vosotros lo poquito que se de este asunto, pues no es asunto que prodiguen nuestros especialistas en datos y referencias. Para que os situéis un poco vamos caminando por el Coso Bajo rumbo al actual Puente de Hierro, en una zona en la que antaño estuvo la Puerta del Sol que fue una de las puertas de la ciudad. A mano izquierda, nos encontramos al pasar la Plaza de la Magdalena con la verja del Instituto Pedro de Luna, un gran centro educativo de la comunidad autónoma en el que se está desarrollando una labor encomiable y ejemplar, y del que me siento muy honrado en ser desde hace casi treinta años Catedrático de Historia. Acabados sus edificios que ocupan el espacio que antaño estuvo la Universidad de Zaragoza fundada sobre un estudio general puesto en marcha en el medievo, nos encontramos con una calle que se llama la Subidica de la Trinidad. Comenzar a subir por esta calle y observar a mano derecha unas casas con aires antiguos, estáis en el espacio del antiguo convento de los Trinitarios Calzados de Zaragoza, es decir: en su Colegio de la Trinidad que estaba –como es lógico- pegado a los edificios de la Universidad pues en él vivían estudiantes de esta institución. Y sabemos que este era el Colegio más antiguo de la Universidad de Zaragoza, el Colegio de la Trinidad que se fundó en 1570 y que estaba regido por los frailes trinitarios, con 20 frailes atendiendo a doce estudiantes. Este colegio, del que nos quedan documentaciones variadas, volvió a ser protagonista en la contienda de los Sitios de Zaragoza, en febrero de 1809 el ejército francés asaltó el arrabal de la ciudad y siguió adelante, bombardeando el Palacio Arzobispal que lo machacaron, los edificios anexos y todo lo que se encontraron en las orillas del Ebro., Dentro ya de la ciudad, cuando entraban por lo que hoy es el Coso bajo decidieron estos salvajes volar el convento de los Trinitarios Calzados inmediato a la Universidad de Zaragoza. Como ves amigo estamos hablando de un espacio importante, del que según cuenta el Diario de Casamayor “salieron muchos catedráticos famosos en todos los tiempos”, razón por la cual en la Desamortización de Mendizabal –después de desechar poner en sus edificios un polvorín.- entendieron que lo más justo era regalarles las llaves a los catedráticos de la Universidad de Zaragoza para que lo utilizaran como un espacio más de estudio y de formación.
Por último, quiero hacer mención a un libro poco conocido pero muy interesante. Por ello. le recomiendo amigo la lectura del libro de José María Fernández Nuñez sobre “Los héroes sin nombre. Los Cofrades del Santo Sepulcro en los asedios de Zaragoza (1808-1809)” que es muy interesante y que fue publicado por el Ayuntamiento de la ciudad el año 2009 como uno de los Premios de los Sitios. En el Libro II de la edición, nos explica cuándo se pusieron estos frailes a vivir aquí, en esta Subidica de la Trinidad y nos dice: “Tras la muerte del Racionero de la Seo D. Martín de Salazar, deja a la Orden en censales 8.325 escudos, lo que suponía unos 460 escudos anuales de pensión. Con esto y las limosnas de Virrey de Aragón y sus antiguos valedores y otro nuevos, pudo comprar a Cipriano Labrit, de San Juan, a María Barrachina su mujer y a Cipriana Labrit su hija el lugar donde se ubicaría el definitivo convento de los Descalzos Trinitarios, como consta en acta de venta de 19/7/1622. Al ser un terreno sometido a enJosé María Fernández Núñez 298fiteusis, hubo de pagar el laudemio a su dueño, los Hospitalarios de San Juan que consistía cada 25 años en 36 escudos, 13 sueldos y 4 dineros y, anualmente 10 sueldos. Se comienza la labra de la vivienda e iglesia que se vio favorecida por las muchas aportaciones de los Principales de la ciudad. El 23 de mayo de 1682, se trasladó el Santísimo en vísperas de la Santísima Trinidad a la iglesia nueva de este convento en solemne procesión a la que asistieron todas las autoridades ya eclesiásticas ya civiles y nobiliarias, así como el gentío de la ciudad. A lo largo de la centuria sufren distintos avatares que le obligan abandonar momentáneamente su sede para regresar más tarde con motivo de epidemias u otras calamidades que en la época asolaron a la ciudad y que requerían el concurso de la Orden en beneficio de sus fieles. Fueron muchas las reliquias que poseyeron en ricos relicarios donados por los ilustres, algunos traídos desde Roma. Entre ellas figuraban una de Sta, Inés patrona de la Orden, cuerpo de San Dionisio mártir y la de San Pablo mártir, San Sebastián, San Claudio, Sta. Teresa de Jesús, e incluso de los innumerables Mártires, etc. Por no mencionar la información que se realizó sobre la incorrupción e identificación del cuerpo de P. Fray Felipe de San Jerónimo, realizada por P. Fray Alonso de San Juan de Mata a la sazón Padre Ministro de la Congregación. El cual al enterrar al P. Fray Juan de San Luís en la tumba número 26 de la comunidad, se encontraron el cuerpo incorrupto del mencionado fraile iniciándose los trámites pertinentes de santidad. Son muchas las peticiones que se le hacen a todas que por su extensión no hago constar, y de las que se obtienen pingües beneficios para el sostén de la Orden y la asistencia a los necesitados. El 15 de junio de 1808 víspera del Santísimo, su convento una vez más es ocupado para la defensa de la ciudad de la agresión sufrida por el invasor francés. Es utilizado como baluarte a modo de torre albarrana que junto con el del Pilar y San José constituían el cinturón oeste defensivo de la ciudad. Este edificio de buena fábrica supuso un escollo para el atacante al que se debió muchas de las bajas sufridas por el enemigo que a decir de las crónicas solo en ese día superarían las 700 almas. Sus poseedores por orden del Excmo. Sr. Capitán General de Aragón D. José de Palafox dejan su convento y pasan al colegio de San Pedro Nolasco donde compartían hábitat con los Mercenarios. En el Segundo Sitio que sufre la ciudad el enemigo ataca con mayor ímpetu y con un bombardeo continuado de 42 días con sus noches, la epidemia de tabardillo galopante donde cada día morían más de 300 sitiados llevó a la capitulación…” Bueno, hay que acudir a este magnífico trabajo y allí le cuentan hasta los frailes que mueren en la Guerra de la Independencia. Yo ya he cumplido amigos.
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