Día a día

Monzón recuerda a Joaquín Costa

Han pasado 160 años del nacimiento de Costa y es reconfortante saber que en la ciudad de Monzón, presidida por ese castillo que encierra tantos momentos de la historia aragonesa, un grupo de gentes se ha reunido en torno al recuerdo de un altoaragonés que supo llenar estos paisajes de palabras de futuro, de denuncias contra los que no querían inventar el porvenir, de hermosas referencias a los que gastaban sus días en la tarea de construir un mundo más justo, solidario, universal… y, sobre todo, real.

Joaquín Costa es la voz que gritó la necesidad de detener los relojes de los campanarios para reflexionar sobre el Aragón que queremos, para comenzar a sentirnos protagonistas de un mundo nuevo, para saber que esta tierra es hermosa y que el agua puede construir en ella un vergel. Noventa y cinco años después de su muerte, cuando caminamos hacia el primer centenario del día que nos dejó en manos de sus escritos y de sus pensamientos, Joaquín Costa es punto de referencia.

Allí, junto a la escultura que hizo ese escultor jacetano y universal que se llama Orensanz, se han dicho palabras hermosas, se ha llenado el aire de cariñosos recuerdos… Y, luego, el buen amigo Eloy Fernández Clemente ha dicho que Costa “tuvo el temor y el respeto de los fuertes, el amor del pueblo y fue símbolo del sabio y del luchador social. Su memoria debe llegar más lejos: a difundir y leer su obra, su entrega por el trabajo y su ansia de justicia, a sentir como sintió él un amor muy grande por esta patria chica, a sentirnos como él españoles, europeos y habitantes de un planeta en crisis, de la que sólo saldremos conjunta y solidariamente”.

Punto y seguido. Nada que añadir a las palabras de nuestro catedrático zaragozano. Costa es eso, Costa es nuestro pensador, Costa es nuestro punto de partida. Y ciertamente que lo es en muchas cosas. Por ejemplo, este aragonés inmortal escribió «¡Jóvenes! Amad el trabajo y el estudio, porque son bienes que jamás se agotan; amadles, porque son amigos inseparables que en la fortuna como en la desgracia, irán siempre a vuestro lado, y derramarán sobre vuestro corazón el bálsamo de la felicidad, de la alegría y del consuelo; ¡ay de aquél que desprecie mis consejos, qué amargas lágrimas de desconsuelo derramará a su recuerdo, pero cuando sea demasiado tarde!». Este hermoso mensaje, lleno de realismo y de sinceridad, es el que yo quisiera brindar a todos los jóvenes aragoneses, especialmente a los jóvenes zaragozanos de nuestro partido.

Joaquín Costa, gracias por hacernos sentir la plenitud de ser aragoneses, la grandeza de sabernos aragoneses. El 14 de septiembre es una fecha de referencia en Monzón y en Aragón. Septiembre, con la cosecha en los graneros, tiene sabores de porvenir, tiene aromas de progreso, tiene palabras que son el mensaje de Costa, tiene esa brisa suave que mece la escuela de nuestros pueblos abandonados, esas escuelas que este aragonés universal señaló como los mejores espacios para construir el futuro. El trabajo y el estudio.