Día a día

LA FIESTA DE LOS FIELES DIFUNTOS.

Hoy es el día de los Fieles Difuntos y la Iglesia se pone a rezar por aquellos que han fallecido, por todos aquellos a los que quizás nadie reza y nadie recuerda. Hoy es el día de los que su nombre ha caído en el olvido terreno y van camino de Dios, de los que vivieron a ras de suelo y un día inclinaron su cuerpo hacia esa tierra que contempló sus alegrías y sus tristezas, que supo de la fuerza de su brazo o de la firmeza de su paso. Hoy la liturgia los recuerda con cariño y nosotros tenemos que recordar al hombre que creó la fiesta, que entendió que cuando la memoria histórica se diluye en el fluir de la vida material debe surgir el sentimiento del recuerdo en el calor de la vida espiritual. Fu el abad Odilón de Cluny, el quinto abad de la poderosa abadia benedictina de Cluny que vivió en la segunda mitad del siglo X y que fue activo y trabajador. Este pequeño hombre, delgado y nervioso, callado y enérgico, creó en el entorno del año 1000 la Fiesta de los fieles Difuntos, el 2 de noviembre, y la famosa Paz de Dios que salvó la vida a tantas personas que corrieron a buscar la protección de las iglesias… Odilón, monje y abad, daba con ello un paso de gigante en la construcción de un mundo más humano, pero aun habría miles de atardeceres hasta que los niños abrieran los ojos a un mundo mecido por la libertad y el respeto humano. Y lo mismo pasó con la festividad que los monjes la celebraron desde los inicios del siglo XI, pues sería Benedicto XIV el papa que la declaró oficialmente como fiesta cristiana, en el año 1748, autorizando a que los curas celebraran este día tres misas: la primera por sus intenciones, la segunda por el Papa y la tercera por las almas del purgatorio.