Yo estoy convencido que no conviene pasar por alto las posibilidades de hablar de nuestros reyes, puesto que así iremos haciéndolos habituales en el Aragón del siglo XXI, que buena falta nos hace.
Bueno, pues el 27 de septiembre recordamos la muerte de Pedro I de Aragón, el tercer rey aragonés del siglo XI, que murió el año 1104 en los lejanos paisajes del valle de Arán, empeñado en su gran tarea de consolidar sus dominios contra los musulmanes a los que había intentado quitarles tierra durante toda su vida. Pedro I era rey desde 1094, rey de Aragón y de Pamplona, por ser hijo de Sancho Ramírez, y como él se ocupó de conseguir la gran expansión del territorio aragonés que llegó a incorporar la Sierra de Alcubierre y los Monegros. Pero lo más importante fue la conquista de Huesca, en 1096, después de derrotar al rey al-Mustain II de Zaragoza en la batalla del Alcoraz, en el lugar donde hoy está el campo de fútbol del Huesca. Y por supuesto, el trasladar la capital desde Jaca a Huesca, para comenzar la segunda gran etapa: la conquista de Zaragoza que lograría su hermano Alfonso I el Batallador veintidós años después. Este es un rey que fue muy amigo del Cid Campeador y a cuyos hijos –Pedro e Inés, los dos murieron muy jóvenes- algunos historiadores casan con una hija y un hijo del propio Cid Campeador. Sea así o no sea así, es bonito recordar a este monarca que se volvería a casar, al quedar sin herederos, con doña Berta a la que al morir él dejaría convertida en gobernadora del Reino de los Mallos.