No recuerdo si alguna vez he escrito alguna cosa de este curioso suceso que siempre me ha atraido especialmente, pero ahora cuando acabo de concluir el artículo semanal de los que publicó en el querido “Diario del Alto Aragón” desde el año 1986, en esta ocasión de la serie de Monumentos Histórico-Artísticos de Huesca, me reencuentro con el viejo texto depositado en el Archivo Histórico del Museo Nacional de Ciencias Naturales. Son una serie de escritos que hablan de un singular fenómeno ocurrido en el mediodía del día 17 de noviembre de 1773. Y nada más, sólo me queda compartirlo con vosotros y aportarlo a aquellos que les interese este tema. Por cierto se conserva en las vitrinas del Museo Nacional de Ciencias Naturales de Madrid y es la primera caída documentada en nuestro país.
Aquí teneis el relato y a pensar, reflexionar y meditar. “En ese día y hora, y sin aparato de tempestad en la huerta de Sena, lugar del territorio de Sixena, se oyó por tres veces un ruido extraordinario. Después cayó una piedra de 9 libras y una onza de peso en las inmediaciones de dos hombres que se encontraban trabajando sus tierras. El impacto sobre el terreno produjo un hoyo de no mucha profundidad, de donde rebotó saliendo del mismo cayendo sobre el suelo a corta distancia. La tierra era propiedad de Francisco González, contigua a la de Manuel Calvo, y ambos se encontraban en ese momento comiendo. La caída les produjo un buen susto. Después de ese primer desconcierto uno de ellos, Manuel calvo, se acercó al punto de caída aunque le retrajo el olor fétido que sintió; esperó un tiempo y de nuevo se acercó y tocó al meteorito con la azada, lo hizo después con la mano pero la retiró de inmediato pues la piedra todavía estaba caliente. El mismo Manuel Calvo recogió el meteorito y lo llevó en su chupa a Sena donde se la presentó al cura Antonio Pano quien de inmediato se quedó con la piedra. Las nueve libras y una onza que se citan como peso del ejemplar se determinaron por medio de una balanza romana. Es decir, unos 4.178 g. Después de lo sucedido la noticia recorrió toda la zona y muchos a la justicia de Sena para que hiciese un informe formal del suceso y le remitiese la piedra. Dando cumplimiento a esa petición el Alcalde de Sixena le envió toda la información que pudo recabar y en una caja sellada con las armas del Monasterio de Religiosas de la Orden de San Juan, de cuyo señorío es el territorio donde cayó la piedra. A parte, además, las mismas religiosas a través del Recibidor de Malta
en Aragón le hicieron llegar a Manso otro `pedacito’ que lo era de la piedra principal. Una vez recibido el informe y la caja Antonio Manso mandó que se abriera en su presencia y en la del Muy Reverendo Arzobispo D. Juan Tomás de Micheo, Regente de esta Real Audiencia y de los oidores de ella D. Miguel de la Villava y D. Felipe de Rivero. Todos ellos vieron la piedra y discutieron ante ella acerca de su especie, caída y otras circunstancias, resultando de esa conversación que se entregase a D. Miguel de Villaba que hiciese algunas preguntas al Alcalde de Sixena”.