Hace unas semanas vino a Zaragoza la Secretaria Ejecutiva de Política Social y Bienestar de nuestro partido, Ana Pastor, y compartió con algunos colectivos una jornada en la que los populares aragoneses nos planteamos la “Lucha contra la Pobreza en el mundo”. En aquella ocasión, como presidente provincial, me tocó abrir el acto -celebrado en la Delegación territorial de la ONCE- y aproveché para hablar de Zaragoza, en concreto, para plantear a ese conjunto de profesionales que se ocupan de luchar contra la pobreza sobre la necesidad de atender cuidadosamente este problema si queremos construir un futuro mejor.
Ante la desgracia que el 17% de los ciudadanos vive en condiciones de pobreza, y que casi un 3% de los hogares zaragozanos están en niveles de pobreza extrema, hay que reflexionar y apostar por este reto que está cambiando de imagen.
Hoy, la pobreza ha rejuvenecido su rostro, sigue hablando en femenino y se sustenta en las diferencias educativas. Es un paisaje nuevo, más doloroso pero más oculto. La pobreza tiende a esconderse, máxime en una sociedad que no apuesta por ella. Como escribía un periodista, “Para ver la pobreza no hay que irse al Tercer Mundo, basta recorrer algunos barrios de Zaragoza donde viven 110.600 vecinos con muy pocos medios y otros 15.000 en situación de pobreza extrema”.
Por ello, con valentía y decisión, debemos tener la mirada vigilante y la mano tendida hacia nuestros zaragozanos, nuestros conciudadanos que padecen el drama de la necesidad. Jóvenes, mujeres, personas sin estudios, todos ellos tienen que saber que es posible contemplar el amanecer de un nuevo día sin necesidad.