En 1610, Felipe III decreta la expulsión de los moriscos aragoneses, tras haber logrado convertirlos en los enemigos de la religión y del Estado.Por ello, la expulsión se fue definiendo como la única solución ante el fracaso, que se consideraba ya definitivo, de todas las tentativas de asimilación y conversión. Era un momento triste para la convivencia nacional. Para entender este momento hay mucha bibliografía, pero hace unos años se publicó un libro del profesor universitario Manuel Lomasen titulado «La expulsión de los Moriscos de Aragón», el que se afirma que la expulsión de los moriscos el año 1610 cambió todos los ámbitos de la realidad aragonesa, donde llegaron a representar más del quince por ciento de la población. En sus página snos cuenta que entre 1609 y 1611 fueron expulsados de Aragón entre el 15 y el 20% de sus habitantes.