Jueves es el día de la Eucaristía, el día en el que todos recordamos esos momentos en los que Cristo instituyó la Eucaristía, sobre la cual se levanta la salvación del género humano. Esa cena camina por nuestras calles en la cofradía de la Sagrada Eucaristía, en la Exaltación que rompe la noche en la Real Maestranza del barrio de la Seo, en la moderna Crucifixión que sale del entrañable san Antonio de Padua, en la Verónica que ya salió el lunes, en la Coronación de san Felipe, en el Cristro Despojado que bordea las murallas romanas, en el Silencio desde san Pablo hecho procesión, en la Oración, en la Coronación, en la procesión de Nuetsra Señora de la Esperanza desde san Agustín a santa Isabel, en el Prendimiento, acaso en el Descendimiento que recorre el viejo barrio de la Seo, en la llegada al Calvario o en la Columna que sale de Santiago en medio de un fervoroso público que espera el paso de sus caballos que anuncian la procesión. Los caballos que volverán a abrir la procesión de Nuestra Señora de la Piedad que caminará hacia el Boterón, en la parroquia de la Magdalena para hacer el vía crucis de los gitanos a altas horas de la madrugada del viernes de dolor.