Día a día

SUGERENCIA 52. BALLESTEROS Y LOS TOROS

Hoy hablamos de toreros que esta tierra ha dado y muy buenos ejemplos, además de uno de los que han pasado a las enciclopedias como maestros del quehacer de capa y muleta, es decir como toreros de elegancia y maestría excepcional. Florentino Ballestero nació en 1893 en la zaragozana calle del Caballo, y ese mismo día de su nacimiento –el 11 de enero de 1893-, hace 118 años, lo depositaron en el torno de la Inclusa por lo que ese niño crecería en el Hospicio, primero en el de Calatayud al que se llevó y luego en el de Zaragoza. En 1905, con doce años, presenció una corrida en la Plaza de la Misericordia de Zaragoza, que era de donde habían salido los dineros para mantener a los niños huérfanos, y decidió hacerse torero. Los inicios de este matador de toros fueron muy difíciles y complicados, no faltando algo que era habitual entonces: que se lanzara dos ocasiones de espontáneo en la plaza de Zaragoza, con las vacas que se soltaban al final de las novilladas a fin de que los aficionados midieran sus fuerzas. En 1910, con 19 años, sale de banderillero, y en junio de 1912 hace su primera lidia como novillero que le supone un gran triunfo. A partir de este momento, a la complejidad de los toros, se une el enfrentamiento con Jaime Ballesteros, Herrerin. Aun con todo y muerto Herrerin, tomó la alternativa en Madrid en abril de 1916 de manos de Joselito “El Gallo”. Desde entonces, el valiente y elegante torero sufriríua tres grave cogidas, de las cuales moría sobre todo después de que un toro en abril de 1917 le hundió el pitón en el pecho. Al final, descansaría en el cementerio de Torrero cerca de su enemigo Herrerín, y lo recordaría un busto que, por cierto, ha sido robado en los últimos meses.