Oposición constructiva

El asesinato municipal de árboles

Hoy quiero volver a recordar un suceso que considero trágico para esta ciudad, para una ciudad en la que hacer crecer un árbol cuesta mucho dinero y mucho esfuerzo, en la que mantener las superficies verdes constituye un reto. Hoy quiero recordar que hace una semana el señor Gaspar, el dictador de urbanismo, hizo posible que se mataran más de cien árboles en el entorno de la Romareda. El y sus gerentes, sus directores de área, sus vicegerentes, sus asesores, su corte celestial,…, no hicieron nada por parar esa agresión al ecosistema, antes bien fueron cómplices por no asesorar adecuadamente y deleitarse en la saña y la rapidez con la que se troceaban más de cien árboles, en una ciudad que tiene 6 metros cuadrados de zona verde por habitante. Pero, no olviden que Valencia tiene 21 metros cuadrados por habitante –más del triple que Zaragoza-, que Barcelona tiene 18 metros, que Málaga tiene 14 metros…

Poco hay que decir más, en todo caso felicitar al señor Gaspar y su equipo por su triunfo como taladores de árboles, como destructores de la escasa masa forestal de Zaragoza. Por una acción que en otros países europeos los haría acreedores del galardón concedido a los asesinos de árboles. Por si no lo saben, recordarles también que dicen los especialistas que la restauración del estado ecosistémico ha demostrado ser muy difícil, que nadie justifica hoy la tala de árboles con promesas y milongas de que se pueden plantar seiscientos mil millones de arbolitos. Quien no respeta lo que hay no puede querer su mejoría.

Y, por cierto, sigo esperando las voces de los que debían defenderlos y, en esta oCHAsión, han guardado silencio cómplice o, quizás, cómpliCHA.