Día a día

El día que asesinaron al Justicia de Aragón

No es un título de novela, es la cruda memoria de lo que ocurrió en esta ciudad de Zaragoza el día 20 de diciembre del año 1591, en el momento en el que los zaragozanos -salvo contadas excepciones- escondieron su cobardía tras los ventanucos de sus casas para dejar decapitar a un jóven que sólo había cometido un delito: intentar defender los derechos de esos cobardes. Y los mancho conscientemente con el tufo de la cobardía puesto que no la tuvieron para lograr, poco antes, que pudiera escaparse el causante de todo este embrollo: el secretario Antonio Pérez, acaso instrumento del irascible rey enlutado Felipe II. A ese sí y a este no, al de fuera si al de casa no. Todo suena a actual. Hoy su escultura la enmarcan dos filas de banderas, pero su monolito está levantado sobre la cobardía de los que escriben la historia. Por eso, seamos serios y no politicemos a este pobre mártir. Menos floripondios, menos caras teatrales de dolor y más autoreflexión, no sea que pasen las mismas cosas quinientos años después… Y esto seguro que al bueno de don Juan no le gustará.